Por S. Bensadon y J. Naranjo

Hace dos semanas cruzamos la cordillera hasta Buenos Aires invitadas por el proyecto Hacer una Escuela de Cine Comunitario organizado por la Comunidad de Vecinos Independientes de Solano (COVI), junto a la Fundación Comunidad Contemporánea, el Seminario Interdisciplinario para la Urgencia Social de la U.B.A, el Espacio Cultural Autogestivo El Patio de Sánchez en Quilmes, y el colectivo Utopía en Movimiento de Perú.

Ubicados al sur de la ciudad, a las afueras de Quilmes, andábamos en la periferia de la periferia, el objetivo del proyecto era compartir y pensar, entre personas y colectivos de distintos territorios, un modelo pedagógico entorno al cine comunitario, entendiendo dicha práctica como una alternativa real de organización territorial construido desde las comunidades de forma autónoma.

Cinco días antes de realizar la actividad pautada, el barrio se vio enfrascado en un conflicto interno. Un grupo de vecinos ocuparon por la fuerza el Centro Cultural de COVI, donde se planeaba realizar todas las actividades del proyecto Hacer una Escuela de Cine Comunitario. Espacio que de manera cotidiana y conjunta se ocupaba por quienes lo necesitarán. Sin embargo, sin previo aviso ni explicación, un grupo de vecinos cambiaron la chapa de la puerta del espacio colectivo negando el acceso con un cartel en la puerta que decía: “Campo Deportivo Sociedad Universitaria General Sarmientos”.

Lo ocurrido resultó un golpe muy fuerte para un grupo de la comunidad, ya que dicho centro fue construido por ellos con mucho esfuerzo durante varios años de trabajo. La situación generó una tensión en el territorio de la que no quedamos fuera como participantes foráneos de la actividad, lo que nos llevo a situarnos en el contexto presente y ver cómo desde nuestra experiencia podíamos de alguna manera colaborar.

Pensamos que por la urgencia del momento no podríamos hablar mucho de nuestro trabajo colaborativo y forma de organización como estaba planeado. Al llegar al barrio, nos reunimos con un grupo pequeño de mujeres que accedieron a participar más por compromiso que por verdaderas ganas, y es que todxs, sin excepción, estaban muy afectados por la situación en la que estaban inmersos. La escucha fue quizás el ejercicio que más pudimos realizar. Convertirnos en oídos de cuerpos cansados del trabajo colectivo y político en la comunidad. Decidimos sentarnos a charlar, presentarnos y presentar nuestro trabajo, y a la vez, que ellas se presentaran y pudieran contarnos sobre su relación con los oficios, qué tipo de quehaceres hacían desde sus familias en la cotidianidad y como estrategias económicas. Así, de a poco, fue surgiendo el tema que realmente les interesaba, profundizamos sobre lo que les estaba ocurriendo como comunidad, y ahí en la calle, construimos un pequeño espacio donde compartir y pensar posibilidades futuras.

Estamos conscientes de que nuestro aporte fue mínimo en la gran tarea que tienen por recuperar sus espacios comunitarios y reactivar su organización. Más con nuestras palabras tratamos de abrazar su lucha como parte nuestra, les deseamos salir de las lógicas de competencia, posesión y codicia en las que se vieron envueltxs en estas últimas semanas. Compartimos que eso que está ocurriendo en el barrio también se puede observar en otras realidades, que son problemáticas que traspasan las fronteras, y que como hablamos esa tarde, sus logros en este conflicto no son sólo de ellas, sino que de todxs quienes creemos en formas de vida distintas. Y entonces, finalmente la lucha de ellas también es nuestra, también nosotras avanzamos con ellas, desde lógicas de mujeres que abrazan, que buscan compartir, cobijar, y por sobre todo sanar.

Paralelo al trabajo en la actividad Hacer una Escuela de Cine Comunitario, aprovechamos nuestra fortuna de contar con camaradas/amigxs en Buenos Aires para observar espacios desde donde los oficios están activando importantes iniciativas en medio de crisis insolubles. Argentina, y particularmente Buenos Aires, que es donde nos concentramos hace unas semanas, es un hervidero de interesantes prácticas colectivas en torno a los oficios. Conocimos experiencias que nos gustaría compartir y mostrar a través de nuestro espacio virtual. En las próximas semanas publicaremos una entrevista que hicimos a Martin Cossarini en la Fabrica Recuperada de Chilavert, una imprenta que fue tomada por los trabajadores en el año 2002 y que hasta la fecha ha realizado un interesante proyecto colectivo.

También mostraremos el trabajo de la Asamblea de Mujeres de la FOB (Federación de Organizaciones de Base), otro proyecto colectivo que resultó un paraíso para nosotras que buscamos construir, potenciar y resguardar desde los oficios la libertad y creatividad de los seres humanos.

Además, fuimos a conocer el proyecto educativo de Gato, un violinista electro acústico y luthier que nos reafirmó la posibilidad de que en pleno siglo XXI las familias pueden, con creatividad y porfía, continuar el desarrollo de sus saberes de manera colectiva y parental.

Y por último, aprovechamos nuestro coincidir en la actividad Hacer una Escuela de Cine Comunitario con la socióloga boliviana Silvia Rivera Cusicanqui, con quien nos juntamos a conversar en código oficios a propósito de su último libro: Un Mundo Ch´ixi es posible. Profundizamos en algunos temas que en su texto se traslucen con relación al hacer con las manos y la mente. De lo que resultó una motivante conversación que compartiremos en las próximas semanas.

Esta nueva experiencia vivida nos permite seguir pensando y practicando la posibilidad de entendernos como colectivo dentro de un territorio amplio y sin fronteras. Donde las experiencias en torno al oficio puedan nutrirnos más allá del espacio geográfico en que se realizan. Lo que estamos haciendo, pensando y cuerpeando, también está sucediendo en otro territorios. Y la riqueza del compartir, del dialogar mirándonos a los ojos, respirando el mismo aire, nos permite construir comunidad, nos permite pensar realidades futuras posibles.

Más allá de las tonadas de nuestras palabras, somos todos cruzados por los andes, lo que entre mates y conversaciones de estos días se nos presentó como una imagen: una columna, una medula espinal que nutre de conexiones nerviosas y de sentido a toda nuestra región. No nos separa, sino que nos une, nos conecta, nos pulsa, nos da el ritmo que seguimos escuchando, sintiendo en conjunto para continuar construyendo. Queremos ser más los que obremos desde las manos y la mente, y confirmamos en estos días el poder que tiene el trabajo hecho a mano, creativo y con sentido.

Finalmente es una decisión política el uso del tiempo, y acá nos nutrimos de experiencias llenas de auto-cultivo, de compartir, de crear comunidad, que nos ayuda a pensar el trabajo colectivo de nosotras mismas, seguir sumando aliados, confiar en los tiempos compartidos, en el trabajo realizado, y utilizar todos los medios para mantenernos presentes sin estar cerca físicamente.