Por Javiera Naranjo y Paulina Fuentes

 

Estamos viviendo nuestro quinto año como organización y ha surgido en nosotras la necesidad de sentarnos a conversar sobre el cómo y el por qué. En un año pasamos de ser cuatro a nueve personas ¡más del doble! Hecho que nos ha obligado a repensarnos en un continuo ejercicio de contarnos, explicarnos y compartirnos para permitir que las ideas muten, se piensen cosas nuevas y se confirmen certezas.

Uno de nuestros objetivos es entramarnos con otrxs para construir desde el sueño que compartimos. Hemos sido porfiadas en la idea de construir un colectivo, cuestión que nos obliga permanentemente a enfrentarnos a nuevas realidades de trabajo entre pares. Poniendo a prueba nuestras capacidades de trabajo en equipo y relaciones interpersonales para sacar adelante nuestras investigaciones y proyectos conjuntos. Han pasado varixs entre nosotrxs, con algunxs definitivamente no lo hemos logrado, a otrxs nos lxs quitaron los trabajos formales y mejor remunerados, y otrxs se han quedado con nosotras para hacer sociedad.

Quizás una de las situaciones más interesantes y desafiantes ha sido compartir métodos y formas en el hacer, nunca habíamos mecanizado la forma de investigación, el cómo enfrentarnos al territorio. Quizás, por lo mismo, lo resolvíamos en algo así como un sentido común, un habitar los territorios entendiéndolos como una biodiversidad compleja de seres de los que también formamos parte. Estuvimos un buen tiempo dialogando de manera natural, compartiéndonos entre seres insolentemente afines, quizás, demasiado cómodas en el hacer.

Nuestro presente ha resultado una oportunidad para hablar de lo que no ha salido bien y transparentar las problemáticas para saber por donde no continuar. Los puntos de vista pueden variar, intentamos estar siempre abiertas al diálogo, no instaurar un sistema cerrado de ideas. Sabemos que podemos estar mal y nos sentimos complacidas ante la posibilidad de que alguien nos refute, siempre en respeto y diálogo. Y es que trabajar en estos espacios es asumir que cualquier idea está siempre a la espera de ser rebatida, de ser mejorada.

Por sobre todo intentamos, sin saber si siempre lo logramos, no ser esencialistas con relación a las prácticas y territorios en que nos sumergimos. Procuramos estar alerta, atentxs, para no perder el foco. Buscamos hacer un trabajo honesto con nosotrxs mismxs y con quienes lo compartimos, sin segundas intenciones, exponiendo siempre todo lo pensado, incluso las posibilidades de cambio en el camino. No infantilizamos a lxs cultorxs, hacemos equipo, los costos se conversan en conjunto, al igual que los objetivos y los resultados.

Intentamos llevar nuestros ritmos, respetando nuestros tiempos/cuerpos y las de nuestrxs compañerxs de trabajo. Desde esta forma hemos sido capaces de cerrar ciclos para que comiencen otros nuevos. Nos importa que quienes participan de este grupo humano puedan entregarse al ejercicio del pensar, observar y dialogar. Nos permitimos la posibilidad de que cualquier momento pueda ser un tiempo de pregunta, de sospecha, sin importar si creíamos que las tareas estaban llegando a su fin. Todo puede ser un nuevo comienzo.

Pensamos también es importante permitir que el tiempo necesario transcurra para que el trabajo realizado pueda dialogar con las necesidades e intereses de las comunidades en que nos inmiscuimos. Intentamos que la premura de la entrega del proyecto y los resultados no nos condicionen, mejor demorar un poco más y sentir que nuestras miradas compartidas pueden generar movimientos internos tanto en nosotrxs como en las comunidades.

RECONSTRUIR LA MEMORIA

El ejercicio que hemos ido realizando en estos años de investigación nos ha advertido sobre la necesidad de reconstruir otros tipos de historias, de levantar las memorias subterráneas que están en las voces y las manos de lxs cultorxs.

Y es que gran parte de lo que tiene relación con este mundo de los oficios está sin datar, sin ser contado. Al advertirlo, sentimos una responsabilidad inmensa por trabajar para que estas prácticas, estas formas de vida, estas economías, estos métodos que conllevan todo lo relacionado con los oficios sean visibilizados. Y acá quizás es importante hacer un punto, porque no buscamos con nuestro trabajo dar a conocer los oficios para saciar el interés estético ni asistencialista de aquellos que miran con ojos de ternura el hacer de esos hombres y mujeres. Buscamos sistematizar, historizar y aprender saberes antiguos para la vida en el territorio que habitamos.

No nos fiamos de los poderosos y sus formas de dominación. Sus conocimientos, enclaustrados muchas veces en instituciones públicas y privadas de altísimos costos, nos dividen y no nos fortalecen. Porque al aprender no estamos buscando un ascenso en nuestros trabajos o ganar un par de pesos más. Aprendemos porque queremos saciar nuestra necesidad de buen vivir. Plantar, tejer, cantar, cuidar animales, saber sobre yerbas. Creemos fundamental aprender los conocimientos básicos del buen vivir si no queremos ser colonizados, porque consumir lo que nos ofrecen es esclavitud, es una trampa, mientras menos los necesitamos más se marchitarán.

Sabemos que esto es un trabajo de relojería, no será de un momento a otro, porque no es fácil explicar por qué tenemos que dejar de ir a comprar al Jumbo, por qué tenemos que dejar de comprar y consumir en su comercio transnacional y explotador. Por qué no le tenemos que seguir dando nuestra plata y por qué es necesario que activemos nuestras economías locales y auto gestionadas. Pero es necesario comenzar, sumarnos a múltiples iniciativas que hace tiempo ya están resonando en esta frecuencia, y desde nuestra trinchera realizar nuestro aporte.

Por eso pensamos que es fundamental que al momento de desarrollar nuestros trabajos tengamos eso que se dice: buen oficio. Que hagamos bien nuestras tareas, entreguemos el cuerpo y el corazón a nuestra labor. Permitamos que quienes tenemos al lado confíen en nuestro trabajo, para que puedan desarrollar el propio con tranquilidad. Que el mecánico sea honesto, que el profesor tenga la paciencia necesaria, que el agricultor el entendimiento de las plantas y los ciclos de la naturaleza, que el médico un compromiso con la salud de nuestros cuerpos. Descansemos en el oficio de otrxs y permitamos que otrxs descansen en el nuestro, es uno de los primeros pasos para que estas economías y formas de vida se vuelvan reales.

Y entonces, a lo que apelamos como organización, no es a folclorizar estos quehaceres, no queremos solo mostrarlos lindos, que nos encanta, porque son hermosos, si no principalmente a darles fuerza, entregarles parte de nuestra energía, mostrar a quienes consideramos van por caminos del buen oficio, para que otrxs los reconozcan, los busquen, les compren, les intercambien y nos ayuden a construir una red desde abajo, en silencio, desde nosotrxs y para nosotrxs.

Además, apelamos a la necesidad de aprenderlos, habitarlos, entrenar las palmas, los ojos, la escucha, para que no se nos escapen, porque los necesitamos, son memorias antiguas de nuestra especie. Con esos conocimientos, no industrializados ni academizados, fueron capaces muchas generaciones anteriores a nosotrxs de habitar por miles de años estos territorios, en armonía con el medio ambiente del que somos parte, y nos sentimos responsables de no cortar esos enlaces de aprendizaje y sabiduría.

Y en ese sentido miramos críticamente al sistema capitalista, porque vemos en él la raíz de profundas tensiones que existen en nuestro territorio, nos topamos día a día con ideas, pensamientos, formas de vida, que al igual que nosotrxs, no saben hacia donde continuar. El discurso oficial no se materializa en la vida real. Padres y madres que después de hacer todo lo que se tenía que hacer para sus hijxs no ven los frutos prometidos, porque si no estás en los espacios de privilegio nunca logras ver los beneficios que se dice deberías lograr tener a través del esfuerzo entregado.

La homogeneización de las formas de vida que exige el sistema capitalista lo destruye todo. A estas alturas seguir creyendo que es una la educación que se debe entregar, una la medicina que se debe asegurar, una la forma en que se tiene que vivir, es no haber sacado en limpio nada con relación a las injusticias, las guerras y las violencias actuales y de la historia que se tiene registro en el planeta. Entender la importancia de la subjetividad de cada territorio es fundamental. Es necesario respetar las sabidurías y prácticas que se han desarrollado por cientos de años en ellos. Nos cansa la imposición violenta y miope del capitalismo que vemos en cada localidad a la que nos acercamos. De las formas torpes que no advierten el daño que están provocando en los espacios íntimos de lxs cultorxs y sus entornos.

Sentimos un compromiso real por el cuidado y el respeto de la tierra. Buscamos mostrar alternativas reales y posibles para vivir de otras formas, unas que se sitúan y florecen al borde del sistema imperante. Queremos ayudarnos y darnos fuerza a nosotrxs mismxs a continuar con nuestros quehaceres, darnos fuerza para que estos estilos de vida logren encontrar sus formas, sus ritmos, sus ordenes propios. Para que tengamos más tiempos de ocio, para tomarnos un mate, para conversar nuestros sueños al despertar, para hacer un fuego, para compartir una técnica nueva. Para nutrirnos entre nosotrxs. En eso es lo que apostamos. Por eso no somos egoístas con el conocimiento que sistematizamos, por eso buscamos mirarnos más a la cara entre nosotrxs, por eso intentamos movernos por todo el territorio. Porque creemos sinceramente que hay otras formas e intentamos que nuestras ideas se vuelvan acción y contagien a la mayor cantidad de personas posibles.