Por Javiera Naranjo y Sofía Bensadon

 

Agradecimiento es la primera palabra que atraviesa el cuerpo a la hora de intentar explicar lo que significa para nosotras compartir esta entrevista. En la vida nos vamos haciendo de maestrxs que van guiando el pensamiento, interpelando las decisiones y esclareciendo el camino. Pero pocas veces tenemos la posibilidad de conversar con ellxs, luego de haberlxs leído a la distancia.

Conversar con Silvia es echar raíces en la tierra, es agarrar fuerzas para una lucha que damos desde diferentes flancos. Para nosotras, no es ingenuo trabajar en los oficios, no es moda, ni algo que nos está ocupando recién la cabeza. Creemos en los oficios como práctica de trabajo, de ocupación del tiempo y avivo de las pasiones para un cambio estructural del sistema económico en el que actualmente estamos inmersxs.

El pasado mes de Septiembre Silvia publicó, a través de la editorial Tinta Limón, su último libro Un mundo Ch`ixi es posible. Próxima a su presentación en Buenos Aires, tuvimos la oportunidad de conversar con ella sobre los temas que trata en él poniéndolo en diálogo con preguntas que nos habitan en clave de oficios. Con la dedicación de generar un tejido que nos permita pensar nuestro propio quehacer dentro de las posibilidades de un mundo ch`ixi[i].

Sobre el trabajo.

Silvia, lo primero que quisiéramos preguntarte tiene relación con algo que sale al final del libro, en esa entrevista adjunta que te hicieron. Ahí hablas del trabajo entendido como una fiesta, un rito, un goce, algo más similar a una celebración. Nos gustaría que pudieras profundizar sobre eso, ¿cómo entiendes tú el trabajo?.

Yo eso lo ilustro mucho con los dibujos de Huamán Poma, la mujer tejedora que está exactamente en la misma posición, pero en uno de los dibujos tiene un aire de serenidad, de felicidad, de tranquilidad, y está sola, la representa sola. Y en otro dibujo la presenta en la misma posición, el mismo encuadre, la misma composición, pero está bajo la vigilancia. Para mi esa es como la metáfora de la maquila, el trabajar bajo presión y trabajar vigilado.

Perfeccionar un oficio manual supone una cierta rutina y una gran paciencia, pero eso si lo haces en solitario. Porque si lo haces en contextos de vigilancia laboral se vuelve una tortura. Si en cambio lo haces en comunidad y lo haces en un contexto donde ese ritmo no es una imposición sino un ejercicio de destreza, entonces, cambia el significado.

Porque trabajar tiene un respiro ¿no?, un poco como lo que el Maestro Gabriel dice: no es sólo trabajar en una cosa sino que hay que alternar. No sólo somos albañiles, también somos agricultores, también descansamos, acullicamos, conversamos, esa forma que te da más libertad, quizás te quita, entre comillas, eficiencia, si mides por el producto.

Pero es que medir por el producto, puedes hacerlo de forma cualitativa o cuantitativa. Cuantitativamente puede ser que avances menos, pero en lo cualitativo viene de cómo ese modo de trabajar le da al oficio oportunidades de transformarse a sí mismo, o sea, de innovar, de inventar, de hacer cosas inéditas o de hacer experimentos con materiales.

¿Eso está de alguna manera relacionado a la experiencia que han tenido ustedes en el Colectivo Ch`ixi en La Paz?

Claro, eso es lo que hemos hecho. Nuestro trabajo colectivo ha sido un proceso de charla, por ejemplo, unas decisiones que hemos tomado con respecto a una de las paredes, bueno, a todas las paredes en realidad.

Discutíamos y hablábamos cómo sería mejor diseñarlas, entonces, en esa experimentación llegar a un acuerdo sobre el diseño, intervenir en el diseño, sin ser arquitecto, sin ser albañiles siquiera, pero entendiendo que ese trabajo no es decir, haz así, sino haremos así, y ese haremos es lo que ha cambiado la figura. Entonces, ya no es pues rutina, y además, ya es una especie de celebración, de celebración de que termina saliendo bien una cosa que tuvo el riesgo de no salir bien.

Como te digo es la libertad que a la vez es libertad creativa y libertad en cuanto al manejo del tiempo y eso no puedes hacer en situaciones de trabajo semi-esclavo como es ahora cualquier trabajo de estos, y también tan poco valorizado, cuando habíamos hecho demasiados adobes, después ya los hemos usado, pero hubo un tiempo en que teníamos como un superávit de adobes y dijimos por qué no los vendemos, fuimos a averiguar a cuántos los vendíamos y era un peso por adobe, entonces como vas a sostenerte con eso, imagínate.

Pero es eso, darnos cuenta de que su significado en cuanto a satisfacción, no tiene ningún parangón en términos de lo que significa en cuanto a precio; imagínate, o sea, lo que vale ese adobe es el proceso de haberlo hecho, no vale su precio.

En ese sentido la situación es complicada, porque lo que le pasa a muchas personas que hacen estos quehaceres es que todo su trabajo no es valorado porque la gente tampoco tiene idea del proceso mismo que conlleva hacerlos

¡Ni idea! Porque además el competidor del adobe es el ladrillo que ya es mucho más mecánico, aunque implica un montón de trabajo que también se invisibiliza, de todas maneras la factura del mismo ladrillo tiene como un proceso aparentemente más mecánico.

La ética del quehacer

Y pasando a otro tema, en el libro tú hablas del desarrollo, y hablas de que el desarrollo es un disciplinamiento cruel, y en ese sentido, a nosotras nos pasa cuando trabajamos que hay un discurso generalizado entre las personas de que sus hijos deben salir a estudiar a la universidad, que deben tener mejores oportunidades que ellos, porque tienen que tener una mejor calidad de vida, entonces se tranza…

Que es más consumo básicamente…

Claro, pero la gente se lo cree como algo positivo y efectivamente se gastan la plata que no tienen para educar a sus hijos, y muchos hijos incluso terminando sus carreras no tienen tampoco trabajo…

Y es más tienen que volverse taxistas en lugar de volver al chaco de los papás, porque se ve como un fracaso volver.

Claro, y en una parte del libro tú hablas de la equivalencia de las capacidades cognitivas, que en el fondo vivimos en una cadena de desprecios coloniales, dices tú, y entonces que se asume que el indio es ignorante, y en este caso también, el campesino ignorante…

Y el trabajador manual también…

Y entonces sus saberes son menospreciados por esta idea de desarrollo que existe desde los poderes…

Sí, sí, sí. Es pues todo una transformación de la percepción, porque, si tú te fijas lo que es la capacidad de observación que tiene el maestro Gabriel supera por mucho la de un ingeniero. O sea, se fija cómo funciona cada cosa en su mínimo detalle y sino le descubre el secreto, lo desarma, lo desmonta, hasta dar con el mecanismo. Investiga, experimenta, o sea, es una labor tan creativa.

Como la forma de aproximación al quehacer

¡Claro! Y eso es una cosa que se aprende de niño. A prestar atención, me doy cuenta que es toda una ética. Hay un compañero que se llama Godofredo Calle que es de una comunidad de Pacajes, él tiene al idioma aymara como primera lengua y le cuesta incluso traducirse al castellano y nos deja completamente boquiabiertos de la hermosura que es ese proceso de darte cuenta de cómo deben hacerse las cosas. O sea, de que hay un deber ser en términos de respeto por las cosas, de respeto por los conocimientos de las personas mayores, una cosa así que desde muy niños les enseñan de este respeto y a prestar atención, callados, a mirar, o sea, de esa enseñanza a partir de..

De la observación…

Del observar, o sea, una sola vez te explican y de ahí todo el resto es mirar. Y el mirar a veces ni siquiera se explica, entonces, eso te está creando un tipo de ser humano más cuidadoso. Y en ese cuidado hay involucrada toda una gestualidad, una consciencia del propio cuerpo. Muchas veces no te das cuenta hasta que punto las formas de educarnos a nosotras más oculocéntricas, vinculadas al conocimiento racional, a la lectura y todo eso, nos han privado de eso. Y si no nos han privado ha sido por desobedientes.

Entonces, re-aprender eso es una de las cosas que hacemos con el colectivo. Re-aprender a vincularse a través de la coca, por ejemplo, de que la palabra este precedida por el ch´ica[ii], por el akhullikar[iii]. Pareciera que son zonceras, pero te cambian los hábitos, o sea, para mí el habito está siempre vinculado al giro en contra de las manecillas del reloj, eso te cambia un montón de cosas. No te das cuenta como el flujo de la energía cambia cuando tú te mueves a este lado en vez de moverte a este otro. Pienso, que hay necesidad de una re-educación del cuerpo en estos procesos de atención, de gestualidad, y también en la tranquilidad.

Y con eso mismo que nos decías, de que el cuerpo empiece a tener otros códigos, bueno, a nosotras eso nos fascina y andamos hace rato con esto de que no tan sólo hay que cultivar la mente sino también las manos, y cómo se relacionan las manos con todo el cuerpo.

Claro, la caminata también. Porque tú tienes que estar con los pies en la tierra, y eso supone una consciencia de tú entorno, que es muy fuerte, es decir, estas tú, no sé pues, transitando, y transitando, llevando contigo cosas, cargando digamos tú mundo, pero a la vez estás hollando un piso desconocido, entonces, hay como toda una lógica, hay un pensar en el hacer. Existe el pensar de la caminata, el pensar del baile, el pensar del ritual, o sea, todo esta acompañado de pensamiento, no es el pensar una cosa y el hacer otra.

Desde chica yo tenía que cocinar todos los días para mis hijos, mientras hacía mi maestría. Entonces, con una mano movía la olla y con otra leía El Capital (Risas). Y de ahí, se creó en mí un hábito de cocinar sola, de nadie que se meta en mi cocina y entraba en un proceso reflexivo casi meditativo de determinadas ideas, que iban como fluyendo en la medida que yo iba cocinando, y respirando, porque toda la clave también está en cocinar y pensar con respiración. Respirar el pensamiento.

Eso tiene mucho que ver con integrar, con saber que uno piensa con todo el cuerpo y no solo con la cabeza. O sea, mejor dicho, el pensamiento puramente mental es muy fragmentario, es un pedacito del pensamiento y el hecho es que uno piensa con la respiración, con el alma, por decir así.

Entonces, es como el chuyma[iv] y toda esta cosa que hace que uno se conecte, o sea, porque pensar es conectarse y la prueba de que la respiración tiene mucho que ver con el pensamiento es que en momentos, en fases creativas, yo ni bien me despierto en el umbral, casi en el umbral, entre la vigilia y el sueño, y se me ocurren las claves de lo que estoy escribiendo o de las ideas que estoy desarrollando. Y eso tiene que ver con las horas que has pasado respirando con ritmo, o sea, es el ritmo esas olas que van y vienen del aire que entra en tu cuerpo, todo eso va creando las condiciones de una depuración, porque lo que tienes tú es un exceso de estímulos; exceso de sonido, exceso de visualidad, exceso de velocidad, entonces no te da chance para entrar en ritmo, y tiene que haber ritmo para el pensamiento, igual que hay para todo.

Como escuchar también su propio ritmo, son tantos ritmos externos impuestos

Claro

Poder hacer silencio y escuchar por ahí el propio

Y escucharte, escucharte, y también en la conversación está la importancia del silencio. Eso me parece a mi clave, por eso que el pensar está articulado con muchos otros gestos del cuerpo y no es sólo pensar racional, es también desear, intuir, creer, tener rabia. Todas esas cosas entran en el pensamiento. Yo alguna cosa que me entero que me provoca malestar, así, que me produce malestar de verdad, me cuesta a veces disolver el veneno de esas cosas que uno se entera de las crueldades, de las injusticias, de todo…

Que afectan al cuerpo

Sí, sí, es como un veneno. Entonces uno necesita salir y también silencio, es un remedio bien grande. Porque las palabras envenenan muchas veces y lo malo es que hay una irresponsabilidad con las palabras en el mundo contemporáneo, yo me aterro de ver la tele, de ver así que sea de reojo, me aterro, de la cantidad de palabras vanas que están ahí.

Significando el hacer

Por otra parte en el libro tú hablas de una historia con los quipus, que hace tres generaciones atrás había gente que todavía sabía…

Sabía hacerlos y leerlos…

Y ahí hablas que después llegaron, pescaron los objetos y los sacaron de su contexto y están ahora en el museo en Alemania, y como ese objeto se saca de su episteme y también…

Se desensibiliza y también se designifica, se le vacía de significado ¿no ves? Esa es la cosa.

Nosotras estamos de acuerdo también, y por lo mismo, nos interesa más la técnica que el objeto en sí, lo que se haga después es creatividad…

Exacto.

Creatividad del que lo haga, pero pensamos que es la técnica lo que importa, y entonces cómo hasta el día de hoy en estas lógicas patrimoniales de la UNESCO y el mismo Estado se sigue haciendo que el objeto se vuelva estático, rígido, hacen que las comunidades sigan haciendo lo mismo porque el turista viene a buscar eso y…

Eso y no otra cosa…

Ahora, yo no creo que con la técnica no más baste. Porque puede haber un manual que reconstruya con total fidelidad, pero sigue faltando algo para mí, que es el significado, y el significado tiene que ver con cierto tipo de disposiciones anímicas con respecto del objeto que muchas veces son disposiciones rituales, o sea, la relación con el objeto es una relación espiritual también.

Yo veo eso en las tejedoras, yo veo eso cuando la gente va a comenzar un trabajo, al comenzar pues tiene que haber una cierta relación con el día de la semana, con la luna, con un montón de cosas previas antes de comenzar, y tienes que challar y libar y desear, y qué se yo. Las tejedoras incluso se motivan a través de sueños o cosas que pasan que les dan sentido, o sea, hay todo un rollo de búsqueda de significado del objeto que tiene una espiritualidad ¿no? y eso pues no puedes reducirlo a un método.

A mí me pasa con respecto a eso, porque nosotras trabajamos con manuales de técnicas, pero cuando yo he hecho talleres en base a esos manuales, estoy enseñando y de repente me dicen: pero esto no está en libro. Y yo les digo: claro, el libro es como un libro de cocina, yo no te voy a decir todo en él, porque hay cosas que sólo se dan cuerpo a cuerpo…

Exacto…

En la relación que yo tengo contigo…

Claro, cuando yo enseñaba a hacer panqueques de coca, yo les decía: bueno si la receta dice tres huevos ustedes no van a creer que pueden hacer tal cual la receta, pues depende si los huevos son grandes o si son chicos, y entonces, nada sustituye al tacto de la densidad de la mezcla, o sea, eso estoy aprendiendo ahora con la pasta colada en cerámica, tú tienes que tener un tacto para saber si está muy espeso, entonces tienes que sentir con el cuerpo la densidad de la masa y eso no te lo enseña pues ningún libro.

Eso es una cosa, y la otra es la disposición anímica, o sea, es bien conocido un montón de pequeñas supersticiones, entre comillas, que no dejan que una persona con ojos claros no puede batir mantequilla o si estas muy enojada el ají te sale incomible de tan picante entonces, y bueno, en general no puedes cocinar de mal humor, se jode la comida…

Sale fea la comida.

Yo lo he comprobado absolutamente, cómo no, cómo no te vas a dar cuenta que hay vibraciones entre tú y el objeto, y que el objeto también vibra. Por eso hemos escuchado ayer la piedra botada en el camino (Huayno) por qué, porque es una canción donde el que habla es una piedra, es una piedra que habla y como la piedra sufre con el sufrimiento del caminante, a mi me encanta. Entonces esa idea de que las cosas hablan, los animales hablan.

¡Si! a mí me pasa que cuando estoy tejiendo a telar y estoy enojada me van quedando unos perdidos que digo ¡ya! No sigo.

A mí me pasa con mi trenza ¡uy! mi trenza es el termómetro absoluto de mi estado de animo (risas). Porque se me enreda, y ahí digo ¡no! estoy mal, tengo que hacer algo, tengo que respirar, tengo que meditar, tengo que hacer algo para componerme de nuevo.

Y la trenza es el primer modelo de tejido, o sea, es como el primer gesto textil que hay.

Manos, tierra y fuego

Y la última pregunta es a la Silvia alfarera, si nos puedes contar cómo fue que llegaste a la alfarería y qué ha significado para ti empezar a trabajar desde ahí.

Deben ser cosas inconscientes, lo mismo que el sombrero y la trenza. El sombrero fue porque me dolía mucho la cabeza y la trenza porque se me enredaba el pelo. Pero vas generando a partir de eso una relación ¿no?. Y lo mismo paso con la alfarería, fue como una cosa muy instrumental porque yo me fracture la muñeca y me insistían mucho mis hijos de que fuera a la kinesioterapia, y me jodían con eso, qué cuando vas a ir, y yo iba y no encontraba fecha y nunca había tiempo y qué se yo.

Entonces les dije haré algo con las manos. Y yo a los nueve años hacia alfarería en ese mismo espacio, igualito a como está ahora, cuando tenía nueve años, o sea, hace 60 años. Con un profesor que es Don Víctor Zapana, que es el que me enseñó la palabra Ch`ìxi, y entonces me fui ahí y fue como un deja vu impresionante y empecé a manejar la masa. Porque lo lindo de la escuela es que la gente trae los pedazos de arcilla y uno tiene que golpearlos, molerlos, cernirlos, mezclarlos. Entonces hay toda una relación y cuando vas haciendo las cosas van como saliendo relaciones con el animal que quieres hacer o con la figura que quieres hacer, y nada, eso me empezó a fascinar mucho y tenia que ver también con la escritura, o sea, estaba escribiendo cosas con respecto al chamanismo que había en el cerro de potosí y empezó a salir una chamana ¿no?

¿Te mostré la chamana no?

Si

Esa Jarra que salió.

Linda

Entonces ahí empezó como toda una relación medio mágica con el objeto y me he enganchado pues bien harto y todo el tema de ahora de conocer el fuego, de conocer la temperatura, porque el horno eléctrico no te permite eso, entonces, el horno a leña y la relación con el fuego es pues algo que quiero aprender ahora en el tigre.

Bueno Silvia para terminar y agradecerte por tú tiempo te trajimos un regalo, nuestro último libro sobre alfarería de Pomaire, de allá de Chile, lo hicimos con una alfarera de allá llamada Juana Mendoza.

Hua! que hermoso. Que lindo. Que linda mujer alfarera. Muchas gracias.

Fotografías: Sofía Bensadon.

 


[i] ch’ixi: “Literalmente se refiere al gris jaspeado, formado a partir de infinidad de puntos negros y blancos que se unifican para la percepción pero permanecen puros, separados. Es un modo de pensar, de hablar y de percibir que se sustenta en lo múltiple y contradictorio, no como un estado transitorio que hay que superar (como en la dialéctica), sino como una fuerza explosiva y contenciosa, que potencia nuestra capacidad de pensamiento y acción. Se opone así a las ideas de sincretismo, hibridez, y a la dialéctica de la síntesis, que siempre andan en busca de lo uno, la superación de las contradicciones a través de un tercer elemento, armonioso y completo en sí mismo.” “Sociología de la imagen: Miradas ch’ixi desde la historia andina.”  Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Tinta Limón. 2015 pág. 295

[ii] Ch´ica: izquierda. O lo que esta a la izquierda

[iii] Akhullikar: Castellanización de akulliña. No es “mascar” coca (triturar), sino mantener las hojas enteras entre los dientes y los tejidos de la mejilla, para absorber el zumo de la coca en combinación con la llujt´a, sustancia alcalina preparada con ceniza vegetal.

[iv] Chuyma: Entrañas superiores, incluye el corazón, los pulmones y el hígado.

 

Diccionario Aymara-Castellano, Felix Layme Pairumani, 2004.