Por Maite Hernando

 

Primero que todo, ¿podrías darnos una pequeña descripción de ti?

Me llamo Alicia, nací en Santiago y en invierno. De niña acompañé tardes enteras a mi mamá mientras cosía retazos textiles para formar imágenes donde predominaba la geometría y el color. Mi papá por su parte, sacaba fotos lo que despertó muy tempranamente en mí el interés por mirar a través del visor, encuadrar y registrar.
Aunque ninguno de ellos hizo de esos oficios su ocupación principal, hoy pienso que a ambos les debo el gusto y el interés por pensar y componer imágenes.
Estudié sociología y licenciatura en estética, pero como trabajar en educación siempre me dio vueltas en la cabeza, cuando egresé de la universidad me fui al sur para hacer clases en una escuela rural. A partir de ahí, trabajé 10 años en espacios rurales, tanto en educación como en proyectos sobre conocimiento ecológico local y su articulación con la ciencia.


¿Cómo surge y de qué se trata Vuelo Sur?

Justamente, mientras trabajaba en uno de esos proyectos, una máquina de coser llegó a mis manos. Muy intuitivamente y sin saber bien por qué, comencé a coser libros para las guaguas cercanas, y tapetes que permitieran a mis amigas-mamás dejar a sus críos en el suelo, sobre una especie de alfombra acolchada donde “pasaran cosas”: bolsillos, velcros, personajes, colores, texturas. Ahí reaparecieron los recuerdos de infancia cosiendo en una máquina de juguete al lado de mi mamá, y se entrecruzaron con mi experiencia haciendo clases de lenguaje, y mi incipiente interés por conocer y observar aves.
De a poco, personas ligadas a instituciones que trabajaban con mediación lectora y primera infancia se interesaron por los libros, y me motivaron a formalizar el asunto para poder concretar ventas en bibliotecas y jardines infantiles. Esas personas me hicieron ver la escasez de libros de tela para pre-lectores producidos en Chile, y la importancia de incorporar elementos de estimulación táctil (como texturas, velcros, bolsillos, etc.), lo que resulta aun más relevante en el caso de niños y niñas con discapacidad visual. Esas conversaciones y la práctica misma de la costura, me llevaron a descubrir el trabajo de Rosana Reátegui, Bruno Munari y Philippe Claudet, entre otros, haciendo crecer la idea
de formar un espacio-taller para crear y coser libros de tela para la niñez. Para que los libros pudieran llegar a bibliotecas, era necesario tener el giro editorial lo que derivó en que el proyecto fuera concebido como una microeditorial textil.

Durante el primer año hice algunos libros únicos, hasta que renuncié a la pega de oficina que tenía y definí 3 títulos para reproducir en pequeños tirajes de 20 ejemplares cada uno. Los tres títulos fueron sobre animales y aves de Chile, y para cada uno diseñé además una cartilla con referencias para acompañar la lectura. El segundo año, mientras trabajaba de forma independiente en estudios sobre patrimonio natural y educación, vendí esos libros y con el apoyo de algunas amigas postulamos a un Fondo del Libro para publicar un tiraje más grande. Después de un segundo intento, este año nos adjudicamos el fondo y estamos trabajando en la confección y publicación de 150 ejemplares del libro
“Humedales”, una re-edición y adaptación del ya publicado “Aves del humedal”, ahora en un formato accesible para personas con discapacidad visual.


¿Quienes trabajan en Vuelo Sur?

El año pasado volví a Santiago y desde entonces se han ido incorporando de forma voluntaria algunas amigas, mi mamá y una tía, según las necesidades que van surgiendo. Este año, para la publicación de “Humedales”, estamos trabajando tres personas con jornada parcial y remunerada, y dos más como voluntarias en las etapas de corte y confección. Además, mi compañero y una amiga diseñadora nos están ayudando con la edición de contenidos, diagramación y diseño gráfico de la cartilla, que para este proyecto también tendrá su versión en braille.


¿Por qué eligieron ese nombre?

Pienso que fue una combinación de ideas, metáforas y circunstancias. Muy concretamente, el proyecto surgió en el sur y con la idea de hacer libros sobre aves, por lo que quería que la referencia a ambos conceptos estuviera presente. Por otro lado, renunciar a un trabajo “de oficina” para imaginar, crear y producir por cuenta propia algo a contrapelo de las lógicas productivistas (valga la paradoja), y para sentir placer en el hacer, también fue de algún modo, volar. También me interesaba la metáfora del sur como lo distante de un centro, de lo masivo, de lo global; como alternativa, como margen, como extremo, como mirada situada y local. Cuando mi compañero me propuso “Vuelo Sur” me pareció que sonaba bien, además de que evocaba imágenes bonitas, cargadas de sentido y poesía.


¿Qué técnicas desarrollan y como las aprendieron?

Básicamente, costura a máquina con algunos elementos de “patchwork” y “quilt”, técnicas que conocí con mi mamá cuando a inicios de los noventa estudiaba con Ingrid Schaub. En ciertos productos, algunas voluntarias han incorporado también bordado a mano y pintura textil. Además, una de las compañeras estudió en un liceo técnico con especialidad en corte y confección, así que de ella hemos estado aprendiendo más sobre técnicas y terminaciones.


¿Qué fue lo más difícil de crear Vuelo Sur? ¿Cuáles son los principales desafíos que has debido enfrentar en este camino de la producción artesanal e independiente?

Lo más difícil es encontrar un equilibrio entre el crear y producir lo que te interesa, te gusta y te hace sentido, con el pago justo por ello. Como todo trabajo artesanal, es lento y por lo tanto, caro de producir, por lo que no siempre resulta fácil sostenerlo económicamente en el tiempo. En ese sentido, estamos repensando Vuelo Sur no tanto como un “emprendimiento” – como está tan de moda promover en estos tiempos – sino como un proyecto que requiere de fondos externos o patrocinios para llevarse a cabo, además de la convicción, la perseverancia y el trabajo colectivo. Junto con eso, ha sido bastante desafiante tener que aprender a involucrarme en otras áreas que no son de mi interés, pero que son necesarias para que el proyecto se sostenga: desde las redes sociales hasta los trámites en servicio de impuestos internos.


¿Cuál es la principal satisfacción que has tenido con tu trabajo?

Las páginas de los libros se unen cosiéndolas por el revés, por lo que cada vez que “doy vuelta” un libro para esconder sus costuras finales, experimento una satisfacción muy grande, como si fuera la primera vez. Es ahí cuando el trabajo de varios días aparece y se concreta en las manos, mágicamente, como si hubiera estado escondido y repartido en fragmentos, en otro lugar.
Luego, ver a niños y niñas usar los libros, jugar con ellos, hacerse preguntas y experimentar con los bolsillos, las texturas y los personajes móviles, también me produce una satisfacción enorme. Más aun cuando se trata de niños o niñas que, con menos de 4 años, son tildados por los adultos cuidadores como “lentos” o “con problemas”; ha sido impresionante descubrir el entusiasmo que genera el libro textil en niños y niñas con diversos estilos de aprendizaje. Y particularmente este año, durante el proceso de ajustes editoriales del libro que estamos desarrollando, hemos vivido momentos muy
significativos al observar cómo jóvenes, niños y niñas con ceguera o baja visión interactúan con la maqueta de “Humedales”.


¿Cuál o cuáles de tus productos recomendarías y por qué?

El tapete “Cetáceos de Chile y el libro “Humedales” que lanzaremos en noviembre.
Ambos invitan a conocer un poco más de dos ecosistemas que, a pesar de su relevancia ecológica y de estar presentes en todo Chile, todavía son bastante desconocidos y poco valorados. En el tapete de Cetáceos, las especies representadas se distinguen con texturas y colores de alto contraste, por lo que también podría ser usado por niños y niñas con discapacidad visual.
El libro táctil “Humedales” definitivamente será el regalón cuando esté publicado porque su producción está implicando varios meses de trabajo, muchas pruebas “en terreno”, muchísimas horas de costura, y una variedad maravillosa de aportes estéticos y creativos, tanto de los niños, niñas y educadoras que participaron en los ajustes editoriales, como de las compañeras con las que lo estamos desarrollando.


Si tuvieras que aconsejar a otras personas que estén comenzando sus proyectos, ¿qué les dirías?

Que cultiven la paciencia, mantengan sus convicciones y perseveren, porque lo más probable es que las cosas no resulten como las pensaron originalmente.


Y si tuvieras que decirle algo a los jóvenes que están decidiendo si entrar a la 
universidad o bien aprender y/o desarrollar algún oficio, ¿qué les dirías?

Que no se dejen llevar por presiones sociales o familiares y, en cambio, se escuchen a sí mismos, buscando reconocer qué les apasiona, qué les hace sentir libres y felices.


¿Dónde es posible ver y comprar los productos de Vuelo Sur?

Por ahora, contactándonos directamente a través de redes sociales o correo electrónico. Las instituciones públicas también nos pueden encontrar en Chile proveedores. El correo es: editorialvuelosur@gmail.com, y por facebook e instagram: vuelosur editorial.