Por Emile Dardel

El cometa o volantín, uno de los juegos tradicionales con mayor difusión en nuestro país, tiene una larga y variopinta historia. Si bien hoy este objeto es usado fundamentalmente de forma recreativa, desde su origen hace más de 3000 años ha sido utilizado como herramienta para la recolección de alimentos, en estrategias militares, transportes e investigaciones científicas, por citar algunas.

Hasta hace poco tiempo el origen de los volantines era comúnmente relacionado a China, puesto que allí tienen registros de su uso siglos antes de Cristo, específicamente, el primer escrito sobre el uso de cometas data del año 200 a.C. El texto trata sobre un general chino de nombre Han Hsin, de la dinastía Han, que encumbra un cometa por sobre las murallas de una ciudad durante un asedio para medir cuántos metros de túnel tendría que cavar su ejército para traspasarlas. Conociendo la distancia el ejército cavó lo necesario, sorprendió al enemigo y terminó victorioso. Durante ese mismo período los comerciantes chinos no tardaron en difundir los cometas por toda la región del Pacífico y el Asia Continental.

Sin embargo, recientes investigaciones señalan otros posibles territorios en los que se puede haber desarrollado. Estos apuntan especialmente a la zona que hoy es Indonesia y Malasia, alrededor del año 1500 a.C. Su finalidad estaba relacionada primordialmente a la pesca, en que la lienza de pesca se ataba a un cometa y de esa manera se conseguía un movimiento constante y así, con la ayuda del viento, se lograba mover varios anzuelos al mismo tiempo. Esta no es una teoría descabellada si se tiene en cuenta que en aquella región marítima habitaban hábiles navegantes y conocedores de los vientos.

Ahora bien, en Europa no es conocido hasta finales del siglo XIII, en que Marco Polo trae historias e ilustraciones de cometas en forma de dragón con estandartes militares. Después, en los siglos XVI y XVII, marineros de ultramar traían consigo estos curiosos objetos desde Japón y Malasia. La apropiación de los cometas por parte de la cultura europea fue lenta, recién en los siglos XVIII y XIX empezaron a ser usados como herramientas para la investigación científica, como juego o como transporte. Famosos ejemplos de lo anterior son Benjamin Franklin, que los usó para la investigación sobre el viento y el clima; o también los hermanos Wright, que experimentaron con cometas y contribuyeron al desarrollo de los primero aeroplanos. Progresivamente los cometas fueron menos utilizados para fines militares o de investigación científica y más de modo recreacional.

CURAS VOLANTINEROS Y COMISIONES

Los volantines en Chile se conocen desde mediados del siglo XVIII. Su aparición se debe a que, durante la colonia, sacerdotes misioneros, especialmente de la orden benedictina, los trajeron entre sus pertenencias junto a la costumbre de encumbrarlos y competir entre ellos para derribarlos con el hilo curado (mezcla de pegamento con algún abrasivo, como el polvillo de cristal, vidrio o polvo metálico, que se adhiere al hilo).

En Chile el volantín tuvo un éxito impresionante y muy pronto se tornó un juego popular en todo tipo de eventos, desde fiestas a campeonatos. Era tal el masivo uso de volantines en nuestro país que en 1795 se dictó una orden que condenaba a seis días de prisión a todo “malvado” que causara daños como consecuencia de la encumbrada de un volantín, debido fundamentalmente a la gran cantidad de accidentes ocurridos por caídas de tejas a causa de sus piruetas.

Décadas más tarde el volantín se convirtió en uno de los pasatiempos favoritos durante las fiestas patrias, tanto por su valor tradicional como porque la primavera aporta las variables atmosféricas ideales para su práctica.

Si bien desde la segunda mitad del siglo XX se prohibió el uso de hilo curado debido a la gran cantidad de lesiones que provocaba, durante más de un siglo fueron muy famosas las corridas de volantines o comisiones (“echar comisiones”). Estas competencias consistían en la lucha de dos o más volantines que, por medio del manejo y maniobrabilidad del volantín y gracias al hilo curado, buscaban cortar el hilo del o los oponentes.

Las comisiones (cortes del hilo del volantín oponente) pueden ser de dos formas: al alargue, que es soltando casi por completo el hilo del volantín, y a la recogida, que es recogiendo el propio hilo. La segunda manera de echar comisión es repudiada por los volantineros experimentados, pues la consideran una técnica sucia.

Por otra parte, la gran tradición volantinera de nuestro país ha rendido frutos; de hecho, uno de nuestros aportes más importantes en el área fue la creación del carrete por parte de Guillermo Prado. El invento fue tan útil que pronto se difundió por todo el mundo, ya que entregaba mucha mayor versatilidad al encumbrar.

Es muy importante una mano experta en su fabricación, pues de no estar perfectamente alineado el armazón o simétricos los cortes, el volantín puede perder mucha estabilidad.

DE LOS PAVOS A LOS CHUPETES

Por último queda hablar sobre los tipos de volantines tradicionales. Todos comparten dos elementos: el esqueleto o armazón y el cuerpo. El armazón está hecho de palillos secos de coligue y el cuerpo de tela o papel. El “volantín” propiamente tal es de forma cuadrada, pero su nombre específico puede variar dependiendo de sus dimensiones. Los “pavos” son los de mayor tamaño (46cm x 46cm aprox.) y son muy apreciados en las competencias de comisiones. Otros más pequeños son las “ñeclas” o “ñeclitas”, que llevan una cola para estabilizarse, miden entre 15 y 25 centímetros por lado y suelen ser fabricados para los niños. Cuando un volantín carece de cola se le llama “chupete”, estos también son muy apreciados por los volantineros expertos ya que la falta de cola les entrega una gran versatilidad en los movimientos. Es muy importante una mano experta en su fabricación, pues de no estar perfectamente alineado el armazón o simétricos los cortes, el volantín puede perder mucha estabilidad. Por último están las “chonchas”, “chonchones” o “cambuchos”, son pequeños volantines hechos de papel de diario, sin armazón de palillos y tienen las puntas de ambos extremos amarradas con un hilo.