Por Javiera Naranjo

 

Hace una semana llegamos de nuestra presentación del libro “Pomaire, una guía para principiantes” y aún seguimos desentrañando todo lo vivido. Trataré de hacer justicia en mi relato a las muchas conversaciones que tuvimos con Juana durante el viaje: mientras esperábamos la micro, en el metro, caminando, almorzando, fuimos compartiendo las múltiples emociones que nos iba provocando lo vivido. Y es que la verdad no sabíamos bien qué iba a ocurrir cuando llegáramos a Buenos Aires, y no me refiero a lo estrictamente programático, eso estaba clarísimo. Me refiero a eso más abstracto, que ocurre sólo en el encuentro, que está supeditado a las intenciones y dedicación que cada unx le entrega al presente y a los momentos.

Yo no sé qué tienen los que habitan pasado los Andes hacia el oriente, entre lxs amigxs siempre culpamos a la educación, a ese derecho que ellxs nunca convirtieron en privilegio como por estos lados. Y es que la buena conversación está siempre a flor de piel, con argumentos claros e interesantes datos para continuar rumiando las ideas. Cada día resultó una experiencia gratificante, nos supimos rodear de personas realmente interesadas en la alfarería, en su historia y en la técnica que desarrollábamos.

 

Las actividades que estuvimos realizando se basaron principalmente en la presentación del libro, su proceso de creación, los resultados, y la técnica de la alfarería tradicional de Pomaire en sí. La primera presentación la tuvimos el sábado 29 de mayo en el Museo de Arte Popular José Hernández. Fue una experiencia interesante, todxs los participantes escucharon con atención y se mostraron aún más entusiastas al momento de meter las manos en la greda y hacer el taller de chanchitos. Para ser nuestro primer encuentro quedamos felices, tanto que en la noche nos fuimos a celebrar con cervezas y folklore a un boliche de por ahí.

El domingo lo dejamos para hacernos las turistas, era necesario conocer los territorios en los que andábamos moviéndonos, después cuando nos preguntaran si habíamos ido a la Casa Rosada, al Obelisco, a San Telmo, teníamos que saber decir: ¡sí, por supuesto! Y mostrar la foto respectiva. Ya el lunes nos pusimos serias nuevamente, comenzamos a dictar un taller de tres días en el IMCA, Instituto Municipal de Cerámica de Avellaneda, específicamente fue un taller para lxs estudiantes de tercer y cuarto año, donde el último día también se incluyó una presentación del libro para todos lxs estudiantes del Instituto.

Esta fue una experiencia maravillosa. Primero es necesario hacer un alcance sobre el lugar, ese Instituto es soñado, lxs estudiantes tienen todo lo que necesitan para aprender como corresponde el oficio de la cerámica, tanto la infraestructura como los materiales y lxs profesores, todxs de una calidad humana conmovedora. Es un espacio donde la felicidad se respira en los pasillos, en la biblioteca y en los talleres. Lxs estudiantes con los que trabajamos escucharon atentamente la historia de Pomaire, la historia del trabajo que hemos realizado juntas con Juana y con mayor atención el desarrollo de la técnica. En un par de horas estrujaron a la maestra para entender cómo era el trabajo de la alfarería hecho totalmente a mano. Fue reconfortante ver sus caras cuando la greda se iba formando en las manos de la Juanita, las muchas expresiones de asombro y los gestos de cariño hacia el trabajo y la presencia de una maestra del oficio.

Con los días los resultados se fueron mostrando, varixs lograron sacarle la vuelta a la técnica quedando entusiasmadxs por viajar hasta Pomaire. La presentación del libro a todo el Instituto estuvo enmarcada en las II Jornadas Pedagógicas que esa misma semana se estaban llevando a cabo en el establecimiento. Agradecemos profundamente el interés de todxs los que llenaron el auditorio en que lo presentamos. Para nosotras resulta reconfortante ver que algo a lo que hemos dedicado tanto tiempo y cariño resulte de interés para personas que están a tantos kilómetros de distancia. Agradecemos a Fernanda Castro, directora del IMCA, por la posibilidad de ir a mostrar nuestro trabajo hasta allá y especialmente agradecemos a Cecilia Ojeda, Coordinadora de Extensión Cultural, que resultó clave en las gestiones, sin ella nada podría haber sido posible. Además, porque su genuino amor al oficio nos entregó mucha dulzura que nos trajimos atesorada en el corazón.

Los siguientes días nos dirigimos a Villa 20 de Lugano para realizar otro taller. Este tenía otro carácter, lo realizaríamos a mujeres sin conocimientos previos de alfarería. El objetivo era sembrar en ellas la posibilidad de formar un nuevo espacio de trabajo entre las participantes, quienes pertenecen a la Asamblea de Mujeres de la MTD Lucha y Libertad de la FOB. Para traducirlo: son parte de las agrupaciones de trabajadorxs que se formaron producto de la crisis vivida en Argentina el 2001; son piqueteras y su organización es independiente, autónoma y asamblearia. MTD significa Movimiento de Trabajadorxs Desocupadxs y FOB, Federación de Organizaciones de Base. La Asamblea fue un espacio creado en el año 2003 desde las mujeres desocupadas para reafirmarse en su condición de mujeres, repensando las relaciones de poder que formaban parte de su vida cotidiana. Esta Asamblea está constituida principalmente por migrantes bolivianas, pero también la forman mujeres de Paraguay, Uruguay, Brasil y Perú. Las que realizan un trabajo de limpieza y mantenimiento de veredas, escuelas plazas y parques, y además, se han organizado durante estos años para trabajar en diferentes áreas de oficios en las que desarrollar su creatividad y conseguir ingresos extra.

Así han levantado un área de trabajo textil, otra gráfica y otra de cocina. Tuve la suerte de conocerlas el año pasado cuando vine a presentar el trabajo de Oficios Varios a un encuentro de Cine Comunitario en Buenos Aires, y me enamoré profundamente de sus modos de organización, de su trabajo político y de la alegría, por lo que cuando surgió la posibilidad de presentar el libro en Buenos Aires de inmediato me puse en contacto con ellas para proponerles un taller que les pudiera abrir una nueva posibilidad de trabajo y creación. Felices aceptaron. Y la experiencia de estos días de trabajo fue conmovedora.

Partimos todos los días desde temprano, tomábamos desayuno juntas y comenzábamos a trabajar. Atentas a las lecciones de Juana empezaron a modelar sus piezas, con asombro fuimos viendo como el aprendizaje se fue convirtiendo en un recordar, muchas habían jugado de niñas en sus pueblos con la greda, varias tenían familiares que trabajaban la tierra y entonces el saber comenzó a manifestarse en sus manos de manera natural. La producción fue veloz y en pocas horas ya teníamos todo un taller artesanal de alfareras en Lugano.

Fue bonito ver como en un mismo espacio nos encontrábamos mujeres de varias latitudes del continente reunidas por la alfarería. Queremos agradecer especialmente a Lucía Ruiz por regalarnos parte de su tiempo de manera desinteresada y acompañarnos a realizar desde el IMCA el taller hasta Lugano, tomando parte de las responsabilidades de continuar con la enseñanza cuando nosotras no estuviéramos. Y a Eugenia Lara, quien nos ayudó a coordinar y también nos nutrió de importante información que nos llevamos para estudiar en casa. Nos anima y fortalece sentirnos parte de una trama de acciones que buscan construir alternativas reales al sistema en el que nos toca vivir, el cual no discrimina territorios ni historias. Y esperamos que el área de alfarería de la Asamblea de Mujeres en Lugano tome fuerza y su propio rumbo.

La última actividad fue ir al Tigre a conocer el trabajo de Jamel Parodi, alfarero que rescata la tradición de la cultura Chaná que habitaba esos territorios antes de la invasión europea. Con él compartimos su trabajo desde la extracción de la materia prima hasta el modelado de una pieza. Navegamos en un barco una hora y media para llegar a una casa de ensueño llamada Aguatierra, que es donde Jamel tiene parte de su taller. Tuvimos la suerte de encontrarnos con un grupo de mujeres que estaban en su propio encuentro, pero con quienes compartimos el almuerzo, un fuego y música. La Juanita no quería volver, quedamos felices de cerrar nuestro viaje con tan lindo paseo de estudio, rodeadas de personas tan cálidas y con las que quedaron interesantes proyectos dando vueltas que esperamos en un próximo viaje se puedan concretar.

Además, durante la semana pudimos participar de dos programas de radio. El primero de la misma Asamblea de Mujeres donde hicimos el taller, llamado “Escucha Nuestras Voces” en la Radio Presente, que está situada en un espacio de memoria recuperado por lxs vecinxs en el ex centro clandestino de detención Olimpo. Y otro en la radio La TECNO que es parte de la Universidad Tecnológica de Avellaneda, donde estuvimos conversando con Claudia Korol en su programa “Aprendiendo a Volar”. Ambas experiencias muy entretenidas, nos gusta la radio.

Quedamos felices con el viaje, personalmente siento que con este libro y su trabajo de difusión nos acercamos a los objetivos que tenemos como organización en relación a la investigación y difusión de los oficios. Después de varios tropiezos durante estos años, hemos encontrado una forma en donde el trabajo se hace en conjunto con lxs cultorxs, se crea equipo. Lejos del extractivismo de conocimientos locales, dialogamos en espacios diversos que nos nutren a todxs quienes participamos. Sin lugar a dudas ha sido un proceso que ha confirmado certezas y ha abierto nuevas posibilidades de desarrollar nuestro quehacer.

Antes de terminar, quiero agradecer la amistad, el cariño y trabajo de nuestras secuaces trasandinas, especialmente a Sofía Bensadon y Fernanda Carvajal, la experiencia no habría sido la misma sin ellas. Siempre es hermoso saber que las encontraremos al cruzar la cordillera, para compartir buenos mates, nuevas aventuras e infinitas conversaciones. ¡Muchas gracias!