Verónica Arévalo Gutiérrez

La presente reflexión surge de una experiencia particular vinculada a una convocatoria a artesanas para participar de un programa de capacitación en la cual debían presentar sus creaciones. Entre aquellos productos que fueron presentados además de obras textiles, alfareras, orfebres y cerámicas, había productos tales como sales mezcladas con especias, palets pintados y acondicionados para cumplir ciertos roles de muebles y adornos confeccionadas a partir de acrílico cortadas por máquina automatizadas de acuerdo a un diseño ingresado en un programa.

Ante este panorama una primera pregunta que surge es ¿De qué hablamos cuando hablamos de artesanía?

La definición que nos entrega la UNESCO sobre artesanías, si bien no excluye la inclusión de procedimientos mecanizados enfatiza el valor del trabajo manual en la transformación de las materias primas para lograr un objeto específico: “los productos artesanales son los producidos por artesanos, ya sea totalmente a mano, o con la ayuda de herramientas manuales o incluso de medios mecánicos, siempre que la contribución manual directa del artesano siga siendo el componente más importante del producto acabado. Se producen sin limitación por lo que se refiere a la cantidad y utilizando materias primas procedentes de recursos sostenibles. La naturaleza especial de los productos artesanales se basa en sus características distintivas, que pueden ser utilitarias, estéticas, artísticas, creativas, vinculadas a la cultura, decorativas, funcionales, tradicionales, simbólicas y significativas religiosa y socialmente.” *

La definición, sin considerarla incuestionable, nos ubica en un campo específico de la creación humana que involucra conocimientos, técnicas, creatividad y prácticas para lograr un producto que sin la acción de una persona no tendríamos. Estos elementos son parte también de otras definiciones de organismos vinculados a la artesanía. Pero lo más importante, han sido validados por la comunidad artesanal en distintas instancias como lo fue el proceso de elaboración de la política Nacional de Artesanía ** . El nodo problemática está en cómo evaluamos la presencia necesaria de trabajo manual para considerarlo artesanal.

No podemos negar que las nuevas tecnologías abren líneas de creación nuevas, pero el corte realizado por una herramienta programada ¿debería ser considerado artesanía? Y aquí tengo una postura definida, pues si bien reconozco que tras esa labor hay un diseño y una programación que requiere tiempo y que difiere de la producción en serie de nivel industrial, esas tareas también tienen su correlato en los artesanos que conciben una pieza, preparan las materias primas y todas aquellas herramientas que requieran. Desde este punto de vista, la diferencia se encuentra precisamente en el trabajo manual de la transformación de los elementos iniciales hasta los finales y por tanto, si toda esta tarea recae en la ejecución mecánica no debiera ser llamado artesanía. Con esto no me refiero al purismo meramente conceptual, me refiero al deber ético que posee una denominación con aquellos y aquellas que se nombran desde ese concepto, pues las horas y energía corporal invertidas por una textilera artesanal, por una orfebre o por otro artesano en la sola confección del objeto no debieran ser equiparables a la ejecución de una máquina, equivalencia que tiene impacto en cómo la ciudadanía comprende y consuma este ámbito que es socio-cultural pero también muchas veces económico. Sobre esto último, es importante señalar que hay iniciativas en varias localidades como San Pedro de Atacama de constituir ferias artesanales que excluyan la comercialización de productos industriales como una forma de crear conciencia a los compradores del trabajo invertido en una sola pieza y los precios que por tanto, deben ser justos de acuerdo a ello.

Un segundo aspecto problemático es el nivel de transformación de un producto para que podamos reconocer una artesanía y diferenciarlo de una manualidad o de otro tipo de creación.
Aquí tengo más preguntas que respuestas, ¿las sales mezcladas con hierbas constituyen un ámbito artesanal? ¿Pintar palets para uso de cajones lo es? Aquí resulta pertinente reflexionar sobre la noción de materias primas y cómo estas son transformadas para constituir una pieza nueva en relación a sus elementos constituyentes, cómo son relevantes las técnicas y los conocimientos para la obtención del producto configurando un campo específico de saber en el cual los artesanos son expertos producto de un proceso formativo muchas veces no certificado institucionalmente, pero no por eso menos complejo y sistemático.

Establecer límites es una acción que siempre podrá ser acusada de arbitraria, pero resulta necesaria para poder crear espacios que verdaderamente reconozcan y valoricen los oficios en su complejidad y densidad. Estos límites deben a su vez considerar el dinamismo del propio quehacer para no convertirse en fórmulas que pierdan su vinculación al contexto y a los procesos que este experimente. En el caso de la artesanía, se han establecido como artesanía tradicional, artesanía contemporánea y artesanía indígena para nombrar esta diversidad de formas, materiales y técnicas pero todas ellas comparten la médula de la importancia de un trabajo manual, que incluso podríamos denominar corporal por involucrar muchas veces los pies (como en la preparación de barros) y el tronco (como en algunas técnicas textiles). Debemos velar porque este aspecto no sea invisibilizado y sea socialmente valorado en toda su riqueza.


* Simposio UNESCO/CCI “La Artesanía y el mercado internacional: comercio y codificación aduanera”
(Manila, 1997)
** Política Nacional de la Artesanía 2017-2022, Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio (Santiago, 2017)