La experiencia de las arpilleras era un momento de encuentro entre mujeres que compartían tristezas, preocupaciones y deseos de salir adelante, acompañándose y conteniéndose.

En esta conmemoración a 41 años del Golpe de Estado, deseamos compartir una experiencia artística/social vinculada a los oficios tradicionales y la resistencia política. Durante la dictadura cívico-militar en Chile se desarrolló un espacio de creación, socialización y denuncia integrado por mujeres que por medio de telas y puntadas de hilo construyeron imágenes sobre sus familias, barrios y país.

El primer taller de arpilleras nace como un taller de artesanías en 1974 con el apoyo de la Vicaría de la Solidaridad. Su objetivo fue entregar un trabajo remunerado a mujeres en situación de vulnerabilidad (por la cesantía de sus maridos, la detención de ellos u otros motivos) para que pudieran alimentar a sus familias, pero se convirtió en más que eso: fue poder gritar y llorar la represión y violencia que experimentaban.

El trabajo en arpilleras ya contaba con una tradición para los ‘70s. Por ejemplo, Violeta Parra realizó este trabajo y lo expuso en Europa. Era un oficio campesino sobre una humilde y áspera tela. En el caso de los talleres de la dictadura, varias de las mujeres que participan no cuentan con una preparación artística previa, por lo que fue necesario realizar un trabajo para lograr diseñar y elaborar sus obras. En ellas se incorporan aplicaciones de telas, relieves y distintos bordados hechos con materiales reciclados como ropa vieja.

Además de un valor estético y creativo, encontramos también un valor testimonial e histórico. El exilio, las torturas, la esperanza y la solidaridad son algunas de las temáticas que encontramos en estas obras expresando subjetividades oprimidas que podemos conocer hoy por este trabajo.

Los principales compradores en su época fueron extranjeros que valoraron el oficio y el mensaje de los trabajos, siendo consideradas como periódicos de su época, pues a falta de fotografías de los actos de violación a los derechos humanos estaban las memorias representadas textilmente.

También es importante señalar que al ser esta labor realizada en grupos, la experiencia era a su vez un momento de encuentro entre mujeres que compartían tristezas, preocupaciones y deseos de salir adelante, acompañándose y conteniéndose. De esta forma, se transformo en una instancia colectiva con un impacto terapéutico, como ha sido recogido por investigaciones académicas y obras literarias. Una de estas últimas es la obra teatral “Tres Marías y Una Rosa” del dramaturgo David Benavente, la cual fue realizada apoyándose en el trabajo del Taller de investigación Teatral con pobladores de fines de los ‘70s.

Les dejamos aquí el link del documental “Periódico de Tela”

Y un manual de libre acceso realizado por el Museo de la memoria para realizar arpilleras, respondiendo a su condición de saber solidario y que no solo debe ser recordado, sino que también re-creado como medio de expresión para hablar de nuestro presente.

Relatando con mis manos: Confección de arpilleras
www.museodelamemoria.cl