Pequeños gestos

Somos animales de los andes meridionales, desperdigados en una angosta franja de tierra que se alimenta de las nutritivas aguas del océano que nos circunda. Nuestros quehaceres, realizados muchas veces en soledad, nos permiten divagar largas horas, en esa concentración permanente que se vuelve rito nos entregamos a la meditación sobre estos días.

Intencionamos la posibilidad de encontrarnos con otrxs que viven la vida de manera similar, situación que siempre se vuelve novedad, condimentada con un poco de ansiedad ante la incertidumbre de lo que pueda ocurrir, con quienes nos podremos descubrir. Reunidos en los cerros de Valparaíso nos miramos las caras y nos reconocimos como iguales en una búsqueda por sostener nuestras éticas de vida, nuestros ritmos, memorias y libertad. Lo que ocurre no nos tomó tan desprevenidxs, nuestros carcaj estaban preparados, nosotrxs no inventamos esta forma de llevar la vida, más bien, nos acoplamos a otrxs que antes de nosotrxs ya ensayaron, a otrxs muchxs que de manera constante y permanente lo han seguido practicando a contrapelo de toda intención homogeneizadora del sistema que nos busca adoctrinar.

Como dicen por ahí, somos como el cauce de un río, nuestras ideas y convicciones se retroalimentan permanentemente, nos nutrimos entre nosotrxs, tenemos amigxs que nos dejaron secretos guardados en técnicas y libros para no sentirnos perdidxs. Esta canción hace rato que está sonando, y nosotrxs seguimos agarrando el ritmo para que retumbe en más corazones al unísono.

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