Desde hace años, en materia de reinserción laboral, los oficios se han convertido en una posibilidad importante y segura para que reclusos y reclusas puedan asistir a talleres de distintas artesanías en los centros penitenciarios. Esto les permite tener, al momento de salir en libertad, algo a lo que dedicarse laboralmente. Pero el hecho de enseñar un oficio significa mucho más que asegurarles la posibilidad de ganar su sustento, pues aprender un tipo de artesanía puede significarles una nueva motivación en la vida, ganas de aprender y desarrollarse, la oportunidad de sentirse valorados y útiles, la satisfacción de hacer algo con las propias manos y, en algunos casos, también la independencia.

Según las estadísticas de la investigación realizada por Katherine Oliveri el año 2011, se observa que un porcentaje importante de los y las reclusos/as que se reinsertan laboralmente lo hacen a través de un oficio: “Se identificó que el 59 % de la población [de reclusos] desarrolla una actividad relacionada con el trabajo artesanal: talabartería, madera, pintura, cerámica, etc. Este trabajo se desarrolla en espacios pequeños y comunes, e incluso en sus celdas, en el caso de las unidades tradicionales”.

Existen diferentes cursos y talleres que se imparten en los espacios de los centros y también otros que se realizan fuera de ellos, pero que están enfocados a expresidiarios. Dentro de las instituciones que ofrecen este tipo de cursos hay de dependencia tanto privada como pública: “Se desarrollaron 164 cursos de capacitación en gasfitería, electricidad, corte y confección, etc., participando 2.669 internos/as, los cuales contaron con participación certificada por instituciones acreditas por el SENCE. Del total de internos/as beneficiados 82 % eran hombres y el resto mujeres”.

Una de las instituciones más importantes del país que se dedica a la capacitación laboral dentro y fuera de la cárcel es INFOCAP (Instituto de Formación y Capacitación Popular), fundación creada en el año 1984 por los jesuitas. “Su misión es capacitar y formar trabajadores y trabajadoras en situación de vulnerabilidad social y laboral, impulsar su organización y empoderamiento social, y generar espacios de diálogo y reflexión con miras a promover políticas públicas que permitan el reconocimiento de la ciudadanía y dignidad de todo trabajador pobre de Chile”. INFOCAP, así como la mayoría de las fundaciones que se dedican a la capacitación en centros penitenciarios, es financiado en parte por el SENCE, organismo gubernamental que ofrece soporte para este tipo de iniciativas.

Pero además de INFOCAP existen otras instancias, como la llevada a cabo por la fundación San Carlos de Maipo, que ha realizado distintos talleres en centros penitenciarios. En los últimos años han realizado dos talleres en centros femeninos, uno de crin y otro de telar chilote.

El curso de cestería en crin de caballo fue realizado por la fundación San Carlos de Maipo en conjunto con la fundación Artesanías de Chile. De acuerdo a la información disponible en su sitio web, asistieron 21 reclusas que aprendieron a confeccionar “ramos de flores, marcadores de libros y otras clásicas piezas de la cestería en crin, característica de la localidad de Rari, donde sus maestras artesanas son reconocidas internacionalmente”.

Para Nancy Cortínez, una de las maestras artesanas: “Este taller ha sido una experiencia muy gratificante, ya que las participantes siempre estuvieron entusiasmadas. Es un mundo totalmente distinto al que uno está acostumbrado, pero ellas han sido muy respetuosas con lo que uno hace y se nota que están con muchas ganas de aprender cosas nuevas”.

Respecto al telar chilote, la profesora también comparte la satisfacción que le produce poder traspasar sus conocimientos a las reclusas. Asimismo, una de las beneficiarias habla de lo positiva que ha sido su experiencia: “Me gusta este taller porque me sirve para desarrollar habilidades que no pensaba que tenía, además me encanta la artesanía chilena. Con esto me siento libre a pesar de que estoy privada de libertad. Esto me libera y me va sanando”.

También podemos rescatar algunas opiniones de reclusos recogidas por el SENCE, respecto a los talleres de oficios que se realizaron en otros centros penitenciarios.

Uno de los beneficiarios expresó: “Para nosotros en este lugar es súper importante este curso ya que nosotros trabajamos en el rubro de la mueblería, y aquí aprendemos cosas que nos ayudan a lo que nosotros nos dedicamos y con lo que tenemos nuestro sustento diario”. Otro de los asistentes a los talleres también contó cómo aplicará lo aprendido en su reinserción: “Tengo un trabajo en panadería y desde el lunes comienzo con mi permiso de libertad diaria, y voy a trabajar en una panadería en lo que aprendí acá”.

Si bien esto no requiere de estudios previos, sí exige de dedicación y pasión por lo que se hace. En ese sentido, otorga los beneficios de tener un trabajo, pero acompañado de beneficios personales.

Así, nos damos cuenta de lo que puede generar el aprendizaje de los oficios. El hecho de que se considere institucionalmente significa que da posibilidades reales a los reclusos y reclusas. Si bien esto no requiere de estudios previos, sí exige de dedicación y pasión por lo que se hace. En ese sentido, otorga los beneficios de tener un trabajo, pero acompañado de beneficios personales.

Deseamos que esta práctica se masifique y que maestros artesanos tomen la iniciativa de traspasar sus conocimientos a personas que están en centros penitenciarios. Nos parece una práctica sanadora y siempre positiva que podría realizarse también a baja escala.

Fuentes: