Por Sofía Bensadon

“El artista más que un creador es más bien un receptor. Lo que parece una creación no es sino el acto de dar forma a lo que se ha recibido.”
(Berger 1995: 44)

Acercarnos al espacio-tiempo de los oficios nos invita a sintonizar con otros ritmos como la repetición, la espera y la escucha de los materiales de trabajo. Observar los gestos nos obliga a poner nuestra atención en las relaciones que se dan entre los cuerpos, los objetos, las fuerzas y los entornos. En la trayectoria que llevamos como organización buscamos que además de la escritura como forma de aproximación a nuestro quehacer, haya otros medios que complementen el registro, como la fotografía y el video. Encontramos en estas formas de documentar, herramientas complementarias que nos acercan a captar la vida que los oficios emanan. En los próximos meses, desde la plataforma de Oficios Varios, comenzaremos un camino de acercamiento a la fotografía y el cine con la pregunta: ¿cómo miran a los oficios, el cine y la fotografía?

Desde Oficios Varios, me interesa abrir este espacio de notas y entrevistas para escuchar y conocer los aprendizajes de aquellxs que han posicionado sus cámaras dentro de las fábricas o talleres manuales, para que desde la voz de la experiencia vivida nos compartan sus formas de aproximación al mundo del trabajo desde la fotografía y el cine. Muchas veces los saberes que se producen en estos intercambios disciplinarios quedan capturados en las imágenes. El objetivo es establecer un diálogo que nos invite a repensar juntxs las formas de acercamiento posibles a la hora de documentar los oficios.

Harum Farocki, en el texto “Trabajadores saliendo de la fábrica”[1], nos invita a reflexionar sobre las búsquedas que ha hecho la cámara cinematográfica en relación con el mundo del trabajo. “La primera cámara sobre la historia del cine enfocó una fábrica, pero cien años después se puede decir que la fábrica como tal ha atraído poco al cine. Más bien la sensación que ha atraído es la de rechazo. El cine sobre el trabajo o el trabajador no se ha constituido en un género central, y el espacio frente a la fábrica ha quedado relegado a un lugar secundario. La mayoría de las películas narran aquella parte de la vida que esta después del trabajo. (…) Casi todo lo que ha ocurrido en la fábrica en los últimos cien años, palabras, miradas, gestos, ha escapado a la representación cinematográfica.” (Farocki, 2014:195).

Fotogramas de la película La sortie des usines Limiè à Lyon (1895) de los hermanos Louis y Auguste Lumière.

 

El cine tuvo una primera intención de aproximarse al mundo del trabajo, pero por alguna razón – Farocki argumenta – el cine relegó el mundo de las labores a un segundo plano. Lo dejó como características de sus personajes principales, o como un simple escenario. De igual manera, si hay personas que se han atrevido a explorar la poética que estos entornos de práctica envuelven y han danzado con los ritmos y ajetreos que estos espacios invitan. ¿Cuál es la distancia justa desde donde mirar los oficios? ¿Cómo registrar, documentar, acompañar con la cámara los gestos del hacer? Al situar “los oficios” como eje temático o de investigación, las preguntas que se me generan sobre cómo abordar el retrato de estas prácticas recaen especialmente en el orden de la forma.

Cómo un oficio se aproxima a otro oficio. Se podría decir que Vertov y Svilova inician este ejercicio de reflexión en el film El hombre de la cámara (1929). La película es un ejercicio de reflexividad constante hacia la propia práctica del cine. Además, Vertov ofrece una indagación comparativa con otros oficios. En él film a través de una serie de experimentaciones de montaje, se equiparan la labor del camarógrafo con otras labores que suceden en la urbe. Las acciones de obreros con sus maquinarias, entran en juego con las tomas del camarógrafo con su cámara; las acciones del oficio de montaje por Yelizaveta Svilova, con los oficios de la costurera, el barbero, el afilador, etc. Vertov en su obra nos entrega una reflexión visual sobre la forma cinemátográfica.

Fotogramas de la película El hombre de la cámara (1929) de Dziga Vertov.

 

La forma de filmar o fotografiar es un gesto que da cuenta de una manera particular de relacionarse con aquello que se retrata. Según Bardet (2019), los gestos no son unidireccionales sino que expresan modos de relación recíproca. Entonces, podríamos decir que filmar es un gesto en sí mismo. Una maestra sonidista española, Eva Valiño, dijo en un taller en el Docmontevideo (2019) que filmar es crear un vínculo, y para eso se necesita tiempo, y una predisposición a la escucha. “Toda pintura auténtica demuestra una colaboración. (…) En realidad, el tema de estas pinturas no es el retrato de una joven o un mar encrespado: lo que representan fundamentalmente es esta participación.” (Berger, 1995:41) ¿Cómo se genera ese espacio de encuentro? ¿Estamos dispuestos a abrirnos a la escucha?

Al trabajar con una cámara se puede generar a través de la lente un paso interdimensional de diálogo, de intercambio de saberes, donde las miradas y las escuchas impregnen las prácticas mutuas. La práctica conlleva tomar desiciones y riesgos. Algunos de los factores que componen el riesgo, son la amenaza y la vulnerabilidad. La amenaza a escuchar algo que ponga en jaque la forma en que vivimos o la posibilidad de reconocernos vulnerables dentro de la cercanía, donde el mundo del otrx moviliza el propio. El momento de retratar tiene que ver con el compartir, hacer con el otrx, junto al otrx. Entrar en una complicidad, en un intercambio entre el que retrata y el retratado. En el acto de acercarse, uno se expone de alguna manera a una transformación. ¿Estamos dispuestxs a acercarnos al punto de arriesgarnos a pasar del otro lado del espejo? Todo encuentro lleva a un diálogo, que lleva a una experiencia colaborativa y toda experiencia suele dejar marcas. ¿Qué marcas habrán impreso estos encuentros en la propia forma de filmar?

Por otro lado, Sontag en “Sobre la fotografía”, nos advierte del poder de la cámara como uniformadora de los acontecimientos. ¿Qué cosas nos permite capturar la fotografía y/o el video y qué otras quedan por fuera a la hora de fotografiar un oficio? La cámara y quien esta detrás de ella no son ingenuxs. Existe una imposibilidad a desvincularnos de nuestra propia subjetividad. La cámara como dispositivo, así como nos acerca, expone nuestra mirada sobre las cosas. Las imágenes que hacemos también hablan de nosotrxs mismxs. Lo que decidimos mirar, dónde situamos el foco, dónde decidimos poner rec y abrir preguntas, tiene que ver con nuestras propias historias personales, con las historias de nuestros entornos de aprendizaje. Abrazar esa subjetividad y reflexionar sobre/con ella nos ayuda a posicionarnos de manera más consciente sobre el punto desde donde miramos y desde donde nos miran mirar.

Eso intentamos hacer a la hora de escribir, fotografiar y filmar desde Oficios Varios y queremos invitar a quienes entrevistamos a realizar ese ejercicio personal de buscarse a ellxs mimxs en el trabajo que están realizando. Al final eso es lo que hace que su quehacer con la cámara se vuelva un oficio en sí. “No cabe duda de que es posible arreglárselas en la vida sin entrega. El artesano representa la condición específicamente humana del compromiso.” (Sennet, 2008:17). Uno de los objetivos de estas entrevistas es poner en palabras cómo se adquiere el compromiso a través de la práctica, pero no necesariamente de modo instrumental.


[1] Con el título original “Arbeiter verlassen die Fabrik”, este texto fue publicado en la revista Meteor en 1995. Traducido y publicado en libro “Desconfiar de las imágenes” (2014) por Caja Negra Ediciones.

 

Bibliografía:

Bardet, Marie (2019) Hacer mundos con gestos. Editorial Cactus.
Berger, John (1997) Algunos pasos hacia una pequeña teoría de lo visible. Ediciones Andora.
Bresson, Robert (2014) Bresson por Bresson. Entrevistas (1943-1983). El Cuenco de plata.Farocki, Harun. (2014) Desconfiar de las Imágenes. Caja Negra Ediciones.
Sennet, Richard (2008) El Artesano. Editorial Anagrama.