Hicimos uso de las nuevas comunicaciones que nos permite la actual tecnología para contactarnos con el colectivo de muralistas Pelwenu Artes y Oficios, compuesto por dos chilenos radicados actualmente en México: Marco Ripetti (34 años), cultor de oficio muralista y comunicador social, y Leyla Sánchez (32 años), profesora de yoga, tejedora, huertera, hierbatera y cultora del mural en diferentes técnicas. Quisimos conversar con ellos para que nos contaran de qué se trata su quehacer y qué aprendizajes han experimentado en Mesoamérica.

Trabajamos desde la autogestión buscando la forma de entrelazar los oficios artísticos con procesos comunitarios que busquen la expresión colectiva de ideas, sueños, proyectos, denuncias o reivindicaciones.

¿Para comenzar si pudieran contarnos de que se trata el trabajo que realizan?
Somos obreros y cultivadores del arte, trabajamos desde la autogestión buscando la forma de entrelazar los oficios artísticos con procesos comunitarios que busquen la expresión colectiva de ideas, sueños, proyectos, denuncias o reivindicaciones. Trabajamos desde el reciclaje, la recolección, expresiones artísticas visuales, desarrollo personal y colectivo a través de distintas dinámicas. Hoy estamos sintetizando todo esto a través del muralismo.

¿Qué es Pelwenu Artes y Oficios?
Pelwenu es una conjunción de los términos del mapudungún “pel” y “wenu”, donde el primero es ‘cuello’ y el segundo ‘cielo’. Para nosotros es un concepto que resume la idea de crear un puente entre el cielo y la tierra, que es una tarea ancestral de nuestras almas. Somos un colectivo que comparte aprendizajes en este sendero desde las artes y los oficios.

Ustedes realizan una técnica particular de pintura con arcillas de colores para realizar sus murales. ¿En qué consiste esta técnica y dónde la aprendieron?
Consiste en la expresión visual de un proceso de millones de años, donde los ciclos geológicos y del universo le han dado color a las distintas capas terrestres, materializadas en las arcillas que recolectamos en distintos territorios. La aprendimos principalmente siendo voluntarios en distintos proyectos de trabajo con la tierra, en Chile, Argentina, Brasil y México, desde agricultura hasta la bioconstrucción. Las distintas formas de interactuar con la tierra nos fueron enseñando primero, a sembrar; luego, a construir; y ahora, a generar expresión artística con esta materia prima.

¿La técnica viene de alguna tradición antigua o es más bien algo contemporáneo?
La humanidad viene haciendo arte desde el origen de los tiempos, siempre ha utilizado la naturaleza para crear. Podemos encontrar manifestaciones desde el arte rupestre realizado en todos los continentes de la tierra, pasando por las culturas prístinas y las antiguas civilizaciones. Contemporáneamente podemos decir que hemos ido descubriendo la forma de aprender de los antiguos, intentando unir hilos desmembrados luego de la usurpación territorial y cultural del colonialismo. Es algo que se ha hecho siempre y que hoy estamos explorando para indagar en aquel eslabón perdido, intentando aprender del sentido con el que se hizo antes, descolonizadamente, para inspirarnos en el ahora.

¿Tienen algún maestro o referente de este trabajo?
Nuestro maestro es el Nosotros y abarca a toda la cultura latinoamericana, las identidades originales del continente Abya Yala, que comprende toda América. Hoy estamos aprendiendo del enorme legado que dejaron las culturas de Mesoamérica, principalmente desde el sur de México y Guatemala, donde hay diversidad de pueblos mayas.

¿En cualquier lugar uno puede encontrar esta tierra arcillosa para pintar? ¿O es necesario buscarlas en lugares con condiciones naturales específicas?
Hemos encontrado arcillas de colores en lugares muy distintos entre sí, hay elementos que se reiteran pero que no son requisito para que haya arcillas; por ejemplo, zonas volcánicas, bosques o plantaciones de pino, bordes de camino, sobre todo rurales (donde hay cortes de cerro para abrir ruta), quebradas, riberas de ríos o lagos. Sobre todo cuando está descubierta la capa inferior a la cobertura vegetal, casi siempre hay arcilla. La variedad de colores que haya depende del lugar y eso sólo se puede prever con estudios más acabados, explorando –intuitivamente. En México, por ejemplo, tuvimos acceso a una investigación geológica que mostraba que la mayor variedad de colores estaba concentrada en el estado de Oaxaca, y eso lo pudimos comprobar cuando fuimos y recolectamos alrededor de 15 arcillas de distintos colores, tanto en montañas como en quebradas y valles.

Por lo que he visto, ustedes en su quehacer ponen especial atención al trabajo con la comunidad donde realizan el mural. ¿Podrían hablarnos un poco sobre esto? ¿Cuál es el objetivo que tienen con relación al trabajo con la comunidad?
Sentimos que la colectividad, el Nosotros, el todos somos uno, son las formas de concebir el mundo que hay que fortalecer. Estamos muy atomizados por el capitalismo y la necesidad creada de progreso, a costa de desconfianza, arribismo, competitividad. El capitalismo no nos lleva a ninguna parte, sólo nos separa. Por esto es que nos sumergimos en las comunidades para dejar de ser ‘yo’ y actuar desde un ‘nosotros’. Es una forma de llevar a la práctica, desde un microespacio cotidiano, un cultivo espiritual que busca sanar relaciones para armonizar el espacio-tiempo en el que vivimos.

¿Cómo se organizan? ¿Trabajan ustedes solos o generan alianzas con alguna otra organización?
Sabemos que solos no se logran estos procesos. Buscamos relacionarnos con organizaciones, escuelas, grupos de personas, comunidades, a veces instituciones. Trabajamos desde la autogestión y también consiguiendo fondos a través del diseño de proyectos. Las alianzas son las que le dan forma a este trabajo; por lo mismo, hemos aprendido a ser flexibles para trabajar en todo tipo de contextos. Nos internamos en los territorios para empatizar y comprender las dinámicas culturales donde trabajamos; mientras más tiempo podemos pasar en un lugar, este proceso es más profundo y enriquecedor para todos.

¿En que lugares han realizado su trabajo?
Desde el año pasado hemos estado compartiendo con comunidades, barrios, aldeas y pueblos en México y Guatemala. En México lo hemos hecho en Puebla, Oaxaca, Chiapas y ahora vamos a Quintana Roo; en Guatemala hemos estado en Huehuetenango y el Lago de Atitlán, en Sololá. Las culturas con las que hemos compartido en Chiapas y Guatemala son mayas mam, kakchiquel, totzil y tzeltal. En Chile también hemos estado en diversas regiones, como Atacama, Coquimbo, Maule, Los Lagos, Aysén, Rancagua y Santiago.

Hemos aprendido sobre la simplicidad, desacostumbrarse a las comodidades de la vida occidental, trabajar con lo mínimo, convertir nada en algo, o un desecho en arte.

Si tuvieran que rememorar algún momento en particular del trabajo que han realizado ¿Cuál sería?
Nos gustó mucho una vez que en el Espacio Creativo La Cambalacha, en San Marcos La Laguna, en el Lago de Atitlán, estábamos haciendo un taller con niñas y niños kakchiquel. Mientras tamizábamos las arcillas y las pasaban por el harnero, unas niñas comenzaron a ponerse debajo del harnero para que les cayera la arcilla colada encima. Todo se convirtió en una nube de polvo blanco, como la arcilla que colábamos, y dentro de la nube sólo se escuchaban carcajadas. Fue como una fábrica de empolvados. En el mismo taller, este grupo de niños y niñas comenzaron a buscar piedras planas para poner de base y sobre ellas moler la arcilla, con otra más pequeña. Fue la expresión viva del uso de la piedra de moler, el metate (como le llaman en México), una expresión tangible de la cultura maya ancestral, a través del instinto para la solución de un asunto cotidiano. Esas escenas nos vuelven al corazón una y otra vez para aprehender la experiencia vivida en Mesoamérica.

Ahora se encuentran en México ¿Qué han aprendido de esas tierras? ¿Han podido pulir su oficio?
Principalmente lo que señalas con respecto a pulir el oficio, además de todo lo que se aprende sobre relaciones humanas en contextos culturales tan distintos. Hemos aprendido sobre la simplicidad, desacostumbrarse a las comodidades de la vida occidental, trabajar con lo mínimo, convertir nada en algo, o un desecho en arte. Los espacios que nos han recibido nos han permitido explorar ideas e inquietudes que van surgiendo y nos permiten llegar a expresiones que no imaginábamos antes de llegar acá. Y, por supuesto, hemos aprendido sobre cosas que aún no sabemos y seguiremos descubriendo en los años posteriores, cuando vaya decantando esta experiencia y la miremos desde más lejos.

¿Hasta cuándo tienen pensado quedarse allá? ¿Tienen algún proyecto en mente?
Pensamos aprovechar la instancia para pasar un tiempo en Oaxaca y volver a Guatemala, esto nos puede tomar hasta septiembre tal vez. In el intertanto, dejar espacio a opciones que vayan apareciendo, para llegar a fin de año a Chile. Queremos encontrar la forma de recorrer de norte a sur nuestro país, compartiendo lo que hemos aprendido en Mesoamérica, eso es lo que podría ser un proyecto en mente y esperamos poder llegar de lleno a realizarlo, luego de pasar un tiempo con nuestras familias y amigos, reencontrándonos.

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