Nombre: Marlon Parra.
Edad: 37 años.
Estudios: Diseño Gráfico.
Oficio: tatuador y dibujante

Hoy entrevistaremos a Marlon Parra, creador y propietario del estudio de tatuaje Tattoo Rockers. Marlon nace en Temuco el año 1977 y el 89 llega a vivir a Santiago, momento en el que comienza a focalizarse en el desarrollo de sus aptitudes artísticas y creativas. Después de haber cursado estudios universitarios en la carrera de Diseño Gráfico y haber trabajado como tatuador, en el año 2002 decide independizarse y fundar el estudio Tattoo Rockers, que este 2014 cumplió 12 años y abrió su tercer local en la capital. Todos ellos se caracterizan por hacer buenos trabajos y por la demanda de muchas personas famosas, que los han popularizado. En esta entrevista daremos un paseo por los inicios de Marlon en el tatuaje, algunos hitos y anécdotas de su carrera y un análisis del tatuaje en el ámbito local.

Nos gustaría partir sabiendo más acerca de cómo te inicias en el tatuaje, cómo parte tu carrera, qué te llevó a comenzar a tatuar.
Mira, lo que pasa es que yo de chico tenía aptitudes artísticas, era bueno para pintar y dibujar sobre todo, antes de aprender a hacer cualquier otra cosa. Yo me crié en el Sur y recuerdo que no había mucho acceso, como hay hoy en día digamos, no había ni canales de televisión, sólo estaba el canal 7 y hasta el año 85 fue así. Entonces gracias a eso, y a que nos cambiábamos de casa constantemente y no podía cultivar muchas amistades o un entorno normal, me encontré harto conmigo mismo cuando era chico y pude desarrollar este talento que ya traía, yo creo. Y luego más grande, cuando llegamos a Santiago, yo tenía 11 años más o menos y seguía con esto. Mi papá era fan de ver cuál sería la carrera ideal para mí, el es profesor de matemáticas, entonces pensó que era el diseño gráfico; no, no era el diseño gráfico, pero lo estudié e igual me sirvió para proyectar de repente un lenguaje visual y entender las composiciones que tienen que ver con esta forma de comunicar. Entonces cuando yo me puse a tatuar estaba terminando de estudiar y ya tenía la idea de lo que iba a ser yo como tatuador, tenía ya ideado un personaje que era el logotipo y con los años, hasta cuando me independicé, tenía bien clara la cosa.

Comenzaste con el tatuaje hace ya varios años. En ese sentido, ¿cómo ves que ha cambiado el tatuaje desde ese momento hasta hoy en día, cómo ha sido ese cambio?
Hoy en día el mundo del tatuaje ha crecido tanto que hay tiendas que se dedican a vender insumos nomás. En ese tiempo era imposible, porque tú por ejemplo soldabas las agujas, tú mismo, tú comprabai las agujas nuevas pero no estériles y tú las agrupabai y preparabai prácticamente todo lo que tiene que ver con la máquina y la piel. Hoy en día te lo dan todo hecho, o sea los tatuadores que aprenden hoy en día a tatuar no saben soldar agujas; claro, porque no pasaron por ese proceso de aprendizaje que era básico en ese tiempo. Pero tiene que ver principalmente con eso, con la información, con el internet, el acceso a todas las redes sociales y con que en la televisión y todos los medios de comunicación hoy en día el tatuaje es una cuestión aceptada. Ya no te miran tan mal como antes si estai tatuado.

Y con respecto a esta aceptación social de la que hablas, ¿crees que falta aún?
Sí, pero yo creo que eso pasa en todo el mundo. Yo creo que acá en Chile la gente ha enganchado bastante con el tatuaje, y de eso yo me doy cuenta por la diversidad de público que llega a tatuarse con nosotros. Cachai que llegan profesionales, notarios, abogados, médicos, mamás con sus hijas, gente de todos los sectores sociales. Entonces tiene que ver con la forma de la persona, hay personas que son conservadoras y eso pasa en todos lados, pero el chileno se tatúa harto. Bueno, esa característica que tiene la gente acá de imitar todo lo que se hace afuera no se escapa tampoco en el tatuaje. Acá se tatúan tanto como en Argentina, guardando las proporciones.

Ahora, pasando a tu trabajo, ¿tienes algún estilo en el que te especialices?
No, en realidad no. Como yo empecé en un momento en que teníai que hacer lo que te pidieran y tenía la virtud de tener talento para el dibujo y poder entender las piezas gráficas, muy temprano desarrollé la capacidad de hacer cualquier cosa. Hoy en día hay estilos que me gustan más que otros, pero creo que tengo un buen nivel en muchos de los estilos que hay.

¿Cuáles son los estilos que te gustan más que otros?
A mi me gusta el neo-tradicional, el old school, me gusta el japonés moderno y el japonés tradicional también. Por ejemplo el japonés me gusta porque en general son composiciones que tienen muy buena apariencia, muy buena percepción visual como composiciones completas, se cierran bien en el cuerpo, tienen harto peso, tienen dinámica porque se manejan técnicas diversas en una misma composición, como por ejemplo sombras, color, un trazo bueno y duradero, que parece un trazo simple si tú lo ves a simple vista, pero es muy difícil de lograr un trazo limpio, y te dai cuenta al tiro cuando ese trazo va a durar 10, 15, 20 años de buena forma en la piel. Entonces esas cuestiones, yo como ilustrador, al comienzo no valoraba eso de los tatuajes tradicionales porque las encontraba composiciones muy simples, muy básicas. Pero cuando empecé a hacerlas me di cuenta que tenían una complejidad y tenían mucha más presencia que cualquier otra textura o realismos, que están hoy muy de moda también y que son hechos en puros tonos pasteles, medios tonos y capas sobre capas, y resulta que 4 o 5 años después esos tatuajes prácticamente desaparecen.
OXO TATUADOR 8Y de otros lugares para tatuarse en Chile, ¿cuáles consideras que son los mejores?
Ah no, a mí me gustan varios. Me gusta Amor Real por ejemplo, conozco al dueño y me gusta la forma profesional que tiene de enfrentarse con lo que hace. Yo lo vi crecer, lo vi cuando era aprendiz y cuando empezó sus tiendas, y siempre hizo lo mejor que pudo, siempre invirtió lo que más pudo en su trabajo y en lo que él tenía que entregarle a la gente. Esa tienda me gusta. Me gusta también la de Gabriel Toz, que se llama Better Days y está por ahí por Condell, en ese sector de Seminario. Ellos trabajan en una tienda a puertas cerradas, en un departamento, están muy comprometidos con el arte del tatuaje digamos, son ordenados y hacen un trabajo serio, súper serios ellos también. Esas tiendas son las que me gustan a mí.

Cuando me di cuenta de que no iba a ser otra cosa en mi vida, que no iba a ser diseñador gráfico ni iba a estudiar una pedagogía en artes y me había quedado ya en el tatuaje, dije: “Ya, entonces tengo que independizarme, tratar de vender una buena imagen al público, hacer cada día mejor mi trabajo”

¿Y a ti qué te llevó a tener un estudio exitoso?
Si tú querí hacer las cosas bien y te proyectas, seguramente vai a lograr frutos en algún momento. Con los años, cuando me di cuenta de que no iba a ser otra cosa en mi vida, que no iba a ser diseñador gráfico ni iba a estudiar una pedagogía en artes y me había quedado ya en el tatuaje, dije: “Ya, entonces tengo que independizarme, tratar de vender una buena imagen al público, hacer cada día mejor mi trabajo”, y eso también significa hacer una iniciación de actividades, hacer boletas, pagar impuestos, ser ordenado con eso en la medida que más se pueda. Eso es lo que he estado tratando de hacer todo el tiempo, tratar de que el tema se profesionalice en todos los sentidos, y en realidad he crecido gracias a la demanda, no por querer hacerme millonario con el tema ni nada; son 15 personas las que trabajan ahora en Tattoo Rockers.

¿Y cómo llegaron personas famosas así tan en masa?
De suerte nomás. Lo que pasa es que si no hubiese llegado el primer famoso, el Chino Ríos, yo creo que nunca me hubiera sacado una foto con un famoso. Éramos todos fanáticos del Chino desde chicos y de repente el tipo llega, justo retirado recuerdo, y me saqué una foto con él porque me dije: “No me puedo no sacar una foto con el Chino”, estaba más preocupado de la foto que del tatuaje, que le iba a hacer. Y esa foto la pegué en el local, la colgué, y claro de ahí…

Fue un amuleto…
Sí po, de diez que entraban a cotizar nueve se quedaban porque aquí se había tatuado el Chino. Entonces eso. También hicieron un casting pa El Último Pasajero pa hacer tatuajes de henna y pintarles la cara a los apoderados en los programas, y yo quedé y así me daban la oportunidad de salir todos los domingos en pantalla, en directo, con la polera de la tienda y aprovechar de hacerle publicidad a la página. Yo tengo un familiar que es dentista y me preguntaba que cómo me hacía publicidad, que cómo partí haciéndome la publicad. Y yo le dije: “Mira, yo tenía una tienda que el arriendo me costaba 120 lucas mensuales, estaba súper escondida en el caracol y era chiquitita”, le decía yo, “pero me mandé a hacer una página y unas tarjetas que eran más bacanes que la tienda, invertí en unos tarjetones bonitos, en colores y con fotos, y la página también me la hice con unos diseñadores súper capos. Entonces la gente cuando llegaba a la tienda se desilusionaba, pero yo no tenía cómo hacer una tienda bacán pa ellos, pero ya habían agendado, ya habían llegado ahí y rara vez se iban; ahí yo los agarraba, les mostraba mis dibujos o les hacía bocetos de lo que querían y ahí los enganchaba bien”. Entonces eso le contaba yo: es importante la imagen que tú proyectes, si al final toda la gente quiere hacer las cosas bien y seguramente hay muchos que compiten en cuanto a la calidad; pero saber cómo tú llegai a venderla es lo importante. Yo sabía que si hacía las cosas bien, naturalmente me iba a ir bien, y me fue mal 2 años: yo trabajaba haciendo dibujos animados para pagar el arriendo de la tienda.

¿Como ilustrador?
No, trabajaba haciendo dibujos animados para Fox Kids, los monitos animados de la tele, y estuve tres años trabajando en eso. Cuando me independicé y arrendé mi local seguí pagando el arriendo con los dibujos porque no tenía clientes, y cuando logré mantener mi arriendo con lo que tatuaba lo dejé. De ahí me dediqué de lleno al tatuaje.

Ya que tatúas hace años y eres conocido en el mundo del tatuaje, me imagino que llegarán personas que quieren aprender de ti, ¿has tenido alguna vez un aprendiz?
Sí, este flaco que está acá es aprendiz mío y el tatuador que está adentro también fue aprendiz mío. Yo conozco a tatuadores amigos míos que enseñan bien el tatuaje, que casi se sientan con ellos a enseñarles, y yo los pongo a que trabajen en la recepción, les pago un sueldo y les digo: “Ya, sumérgete en el mundo del tatuaje desde dentro de la tienda y cuando tengai tiempo dibuja, y cuando tengai tiempo de sentarte al lado de nosotros y preguntar lo que querai, pregúntalo”, y esa es la mejor forma de aprender, entendiendo desde dentro de una tienda lo que está pasando.
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Seguí tatuando, no paré nunca y cada vez que tenía algo nuevo que me contaban otros amigos tatuadores lo iba poniendo en práctica. Pero tenía lo más importante, que era el talento para el dibujo.

¿Sucedía lo mismo en tu época? ¿Tuviste algún maestro?
No, no había. En el momento en que yo aprendí había muy pocos tatuadores. El weón que me vendió la primera máquina a mí me hizo un tatuaje. Tenía una promoción el tipo que si tú le comprabas la máquina te hacía un curso, y el curso era el tatuaje que te hacía, y era capo: se demoró como 15 minutos en hacérmelo, una calavera así chica. Y este gallo mientras me hacía ese tatuaje me explicó unos tips muy importantes que hasta el día de hoy me acuerdo, me dijo: “Para hacer la línea tení que poner la máquina así, para hacer sombra tení que hacerlo así; tú cargai tinta y eso te cubre un cuadrado de 1×1 de piel y después cargai de nuevo”. Me explicó ciertas cosas, pero poquito, lo que duró el tatuaje, y con eso llegué a la casa a tatuar a un amigo al tiro. Y después seguí tatuando, no paré nunca y cada vez que tenía algo nuevo que me contaban otros amigos tatuadores lo iba poniendo en práctica. Pero tenía lo más importante, que era el talento para el dibujo; nunca hice tatuajes malos, yo creo, siempre fueron buenos tatuajes para lo que se hacía.

Y tomando en cuenta esta escuela que tuviste, ¿cómo fue el desarrollo de tu relación con los clientes?
Lo que pasa es que yo trabajé mucho tiempo en tiendas, entonces ya tenía que atender a la gente, ¿cachai? Pa vender el tatuaje tenía que atenderlos yo, si no, no tatuaba, porque trabajaba en tiendas que se mantenían por otras cosas. Entonces me acostumbré a vender yo mismo el tatuaje, de repente pasaban preguntando y yo les decía: “Ya, pero ¿qué quieres?”. Porque sabía que de los 2000 diseños que habían ahí a lo mejor se iban a volver locos viendo y no iban a encontrar lo que querían. Me contaban y yo se los diseñaba al tiro, entonces así captaba caleta de clientes, porque tengo la habilidad de dibujar rápido algo y es difícil que me devuelvan un diseño, casi siempre el primero que hago queda.
OXO TATUADOR 1Para terminar, ¿qué quieres proyectar con la idea de Tattoo Rockers, qué es lo distintivo?
Bueno, eso ha ido cambiando un poco en el tiempo. Esa cuestión de que nos farandulizamos con toda esta gente de la tele como que ha ido cambiando la percepción de los que somos. Más masivo desde el punto de vista de la gente que está en la casa y que se quiere tatuar en un lugar confiable, y menos underground para los tatuadores o para los artistas o los más románticos que deben decir: “Este weón no pesca si no soi famoso” y todo eso, lo que es mentira. Pero claro, ha cambiado un poquito. Al comienzo tenía que ver más conmigo y con las cosas que yo hacía; yo también tenía una banda de rock hace quince años, gracias a ella toqué con las bandas que más me gustaban.

¿Tú qué tocabas?
Yo cantaba en una banda de punk rock, como Ataque 77, que se llamaba Los Retorcidos, y grabamos con Alerce dos discos y toqué con La Polla Records, con Exploited, con 2 Minutos. Esa banda la formé cuando tenía dieciséis años, siempre tuve amigos en el medio musical rockero, entonces el tatuaje se tenía que llamar Tattoo Rockers, ¿cachai? Por eso, porque igual la música y el rock uno no los deja nunca, es como una enfermedad que te pegai en la adolescencia y que marca el rumbo de tu vida, como que después todas las cosas que hací, las hací con ese bichito, que tiene que ver con estar entre lo que está permitido y lo que no tanto. Hacer tatuajes también tiene que ver un poco con eso.