Lo que propongo es abrir las instancias de autonomía y del territorio fuera de esto tan patriarcal que tiene que ver con la competencia, con ganar, con ser exitoso, con liderar. Creo que las mujeres tenemos el don de la comunidad, que deberíamos explorarlo y explotarlo más.

¿Con qué productos trabajas?

La mayoría trato de elaborarlos yo. Le compro al aceite de oliva a una persona que lo trae de Ovalle, son productores locales. Con Mon Rayün trato de buscar productos que están en el comercio, pero no ir al súper, sino comprarle al productor. Para la cera, busqué la pieza. Es distinto el proceso químico, es mejor comprarlo en piezas, en planchas. Por eso trato de buscar el productor local, y que no sea tanta la explotación, porque por ejemplo para la cera de abeja, es sacar cera con que las abejas hacen su casa. Me ha funcionado pocas veces encontrar a la persona que me venda medio kilo de cera y si no, trato de comprar al productor del sur, de Chillán. Y eso es mucho más barato que comprar en los lugares donde venden insumos de cosmética.

En cuanto a las plantas y hierbas medicinales me gusta trabajarlas a mí, tenerlas en mi patio: la lavanda, la caléndula, la malvarrosa. Si no las tengo, me gusta comprar a gente que sé que cultiva sus plantas y hierbas medicinales y nos las comercializa tanto. En el fondo logro que me venda, las convenzo. Si no, compro en la Vega Chica que está ahí en Maquinista Escobar con Puerta de Vera, allá en Blanco Encalada con Bascuñán Guerrero. Los aceites esenciales, compro Ámbar, Melo, o Richard, que son producciones propias de esas empresas. Por ejemplo, Melo producen de todo: champú, jabones, aceites esenciales, hidrolatos, y mezclan. Hacen cosas más químicas, y sin químicos, entonces hay que estar informado de lo que tienen, es importante pedir la ficha técnica de los productos.

Y ¿cómo es la recepción de la gente? ¿Después te contactan?

Sí, me ha pasado que voy a una feria y después vuelvan a contactarme a través del Facebook o del correo, o me llaman directamente, me preguntan cómo comprar de nuevo, que les encantó este ungüento o qué se yo. En general, la recepción es súper cálida, a la gente le gusta mucho. Y también ha habido personas, en realidad una sola, que me han escrito y me dicen “este producto me dio alergia”. Pero yo no lo atribuyo a la cosmética en general, sino que esa persona tuvo una reacción alérgica a una hierba que tenía la cosmética y le ha hecho mal. Pero en general, a la gente le encanta.

 

Y a tu familia, ¿les tienes recetas que son de ellos? ¿a tu hija o a tu mamá?

Bueno, en mi casa todo lo que tenga que ver con cremas y productos de aseo yo lo fabrico: jabones, champú o bálsamos, pasta de dientes, todo. La pasta de dientes no causa mucho furor porque no es una mezcla tan rica, no es sabrosa, pero igual. Mi hija, por ejemplo, tiene vitiligo. A ella le hago una mezcla especial para su vitiligo, además del tratamiento, que es psicológico, entonces tiene esas dos terapias. Le hago sus cremas y sus aceites especiales para ella, que ayudan a repigmentarse y que ha funcionado igual.

¡Qué bacán!

Sí, a mi abuela cuando estaba viva, también le hacía todas sus cremitas y sus cosas especiales para ella.

¿Hay algo más que te gustaría agregar?

A mí me gusta hacer cosmética, creo que es un rubro muy interesante, muy bonito. Ojalá todas las personas que hacen cosmética natural tengan la intención de colaborar, siento que hay mucha rencilla. Hay tanta gente que hace cosmética natural, que hace talleres, que vende cosas, yo lo encuentro bacán, que sea como una explosión, una instancia donde toda la gente quiera hacer cosas. A mí no me entorpece, pero siento que hay mucha competencia, está esa cosa así de “elígeme a mí, porque yo soy buena, yo lo hago bien” o decirte: “tú estás ilegal, un día van a llegar a tu casa y te van a llevar presa”, y demás, pero creo que en general, y no solamente en la cosmética, la gente opera desde el prejuicio, y no desde el diálogo.

A mí, antes de hacerme una idea de las cosas, me gusta sentarme a saber qué hace esa persona, por qué lo hace. Creo que operar desde el prejuicio es una cosa que hacemos mucho, y hay cosas tan bonitas, no hay que tirarlas para abajo. En el rubro de la cosmética pasa eso; hay mucha gente que tiene ganas de aprender, de hacer cosas, y en vez de apoyarla en el estudio, o en encontrar alternativas para desarrollarse, sólo se le vende el taller, o el producto. Siento que hace falta esa comunión, darse cuenta de que somos gente en una parada similar, buscando la medicina en la cosmética, y en eso, operar desde la abundancia de saberes que tenemos. A mí me gusta la idea de intercambiar y compartir, y siento cierto agotamiento de los espacios donde se trabaja la cosmética. No tengo el ánimo de competir con mis pares, por eso he tenido que abocarme a mi trabajo y a mi desarrollo, y sería tan bacán que existiera el espacio de reunirnos todas las chicas que hacemos cosmética, intercambiar ideas, recetas, hablar sobre lo que conocemos, apoyarnos, ayudarnos. Más que decir “los talleres de ésta son mejores así que anda para allá, y los de éstas son peores porque no sé qué”. O sea, decir esto a mí me gustó y esto no, es válido, más que decir esto es bueno, esto es malo. Lo que propongo es abrir las instancias de autonomía y del territorio fuera de esto tan patriarcal que tiene que ver con la competencia, con ganar, con ser exitoso, con liderar. Creo que las mujeres tenemos el don de la comunidad, que deberíamos explorarlo y explotarlo más. Abrir estos espacios a mí me gusta al menos.

Para terminar, cuéntanos dónde se pueden comprar tus productos.

A través de mi página Facebook, Mon Rayün, y escribiendo al correo: monrayun@gmail.com, y ahí yo los enlazo con mi teléfono. También hago hartos trabajos a pedido.

O sea, si la gente tiene una dolencia en particular y está leyendo la entrevista, ¿se puede contactar contigo para pedirte una crema más específica? Por ejemplo, alguien te llama y te dice tengo psoriasis…

Claro. En ese caso es más fácil el teléfono, así yo puedo preguntarle cosas y conversar al respecto, porque si una persona me pregunta: ¿qué tienes para la psoriasis? Yo tengo muchas cosas, pero dependerá, porque hay psoriasis que se dan por estrés, hongos. Más que tratar el síntoma, es mejor tratar la enfermedad, creo yo.


Aquí puedes leer la primera y la segunda parte de esta entrevista.