“Esa dualidad que se hace de lo bueno y lo malo es súper occidental, y cuesta ene deshacerse de ello. Los pueblos primigenios no hacen esa diferencia, porque todo está ahí al medio. Eso sería el por qué yo me considero una artista mapuche y no otra cosa”.

Primero que nada, ¿podrías darnos una pequeña descripción de ti?

Mi nombre es Melina Rapimán. Nací en Los Andes en 1977, de padre mapuche y madre iquiqueña afrodescendiente. Crecí en Santiago, viajando siempre al norte. Estudié muchas carreras hasta darme cuenta de mi amor por el textil. Estudié diseño de vestuario y me he ido especializando en la experimentación de distintas materialidades textiles, haciendo énfasis en objetos portables. He presentado mi trabajo como exponente de la nueva camada de artistas mapuches en distintos lugares, desde la mirada de la diáspora.

Paralelo a mi proyecto artístico, hago clases de textil para la carrera de diseño de vestuario y tengo una marca de accesorios bordados a mano.

¿Cómo comenzaste con tu proyecto textil?

El proyecto textil comenzó como idea en 2008. Era un proyecto textil bastante distinto y mucho menos perfilado que ahora, mucho más rústico.

¿Por qué elegiste quedarte con tu nombre y no ponerle uno de fantasía?

Mi proyecto tenía un nombre de fantasía: Parafinazul, cuyo logo era una persona con un mohicano dentro de un bidón de parafina. Un excelente nombre con un excelente logo, pero la gente me reconoce más con mi nombre y el de fantasía nunca prendió mucho. Luego algunas personas cercanas me dijeron que no era recomendable tener un bidón de parafina como logo y tener apellido mapuche.

Y en ese sentido, ¿cómo te relacionas, al reconocerte como artista mapuche, con el llamado “conflicto” que existe entre el pueblo mapuche y el estado de Chile?

Desde que nací he tenido mi apellido, y mi papá era muy orgulloso de tener el apellido de su papá. Pero mi mamá viene del norte, por lo que teníamos esta cosa rara de vivir en Santiago, mis papás venir del norte y tener apellido mapuche. Entonces siempre me sentí como fuera, fuera de lo que estaba pasando. Mucha familia, algunos primos de mi papá, por ejemplo, se cambiaron el apellido, porque estábamos en dictadura y ser mapuche era súper mal visto en ese momento. Yo nunca sufrí una discriminación por tener apellido mapuche hasta grande, porque en verdad mi apellido era como raro y entonces nadie pensaba que era mapuche. Sólo por eso, y porque no soy súper morena ni nada.

Yo creo que claramente es político reconocerse mapuche, porque eso es también reconocer tus raíces de pobreza. O sea, haber sido mapuche en los 80 o en el 70 significa pobreza, significa gente que se vino del campo, que dejó sus tierras y se vino a trabajar acá en cualquier cosa y se tomó tierras. Claramente ese es un tema político, no puede dejar de serlo.

Ser mapuche ahora significa también ser primera o segunda generación de hijos profesionales, que haya mapuches historiadores, periodistas, diseñadores. Antes no ocurría eso, porque en qué momento estabas pensando en ser profesional si no tenías ni uno. Entonces actualmente hay mapuches poetas, cineastas, o no sé qué ¡pero eso es ahora! Porque antes no estaba dentro de la situación social. Es rudo igual reconocerse como “hijo de”, como “nieto de” y llevar un apellido que tiene esa carga política y social de migración. Porque eso es lo que somos finalmente, somos migrantes, gente que viene del campo, que viene del desierto, o que viene de la mina a la ciudad.

Esa migración implica hartas cosas. Antes para mí esas cosas no eran importantes, yo decía: al final todos somos iguales, qué va a importar tu sangre, o tu raíz, o de dónde vienes. Y bueno, sí, somos todos iguales. Y con esto que te decía que cuando niña siempre me había sentido súper rara, cuando me empezaron a invitar a estos encuentros mapuches y empecé a hablar con otra gente que sí decía que era mapuche, y hablar el tema de los sueños, por ejemplo, empecé a cambiar mi opinión.

Porque yo tengo muchos sueños recurrentes. De chica tuve sueños recurrentes y son cosas que uno no puede hablar con cualquier persona porque es raro igual, porque son estos temas que están en un mundo intermedio. Pero en esas reuniones que tuve con la gente mapuche ellos me entendieron, cachaban de lo que estaba hablando. Y eso fue fundamental para darme cuenta de que sí tenía que ver de dónde uno viene, no por un tema de que los mapuches sean especiales o extraterrestres, sino que es la manera en que miramos el mundo, que podría pasar con cualquier comunidad indígena del mundo.

Encuentro entonces que, por ejemplo, al decir que soy artista mapuche es esa diferencia, de no hacer esa discriminación entre el sueño y la vigilia, para mí es lo mismo, como también para mí es lo mismo si estoy haciendo arte, diseño o artesanía. A mí esa diferencia no me importa, todas esas dualidades que dicen dividirte en dos personas, no es así po. Esa dualidad que se hace de lo bueno y lo malo es súper occidental, y cuesta ene deshacerse de ello. Los pueblos primigenios no hacen esa diferencia, porque todo está ahí al medio. Eso sería el por qué yo me considero una artista mapuche y no otra cosa.

 ¿Y desde que participaste en esos encuentros con otros artistas mapuches comenzó un diálogo continuo con ellos?

Lo que pasó es que cuando empezó Facebook toda la gente mapuche se empezó a conectar. Había una página que era de apellidos mapuches, todos los mapuches se metían al grupo, uno fue encontrando gente y eso fue súper interesante. Ahí me contactó Eduardo Rapimán, que es quien me metió en todo esto. Conversamos sobre que teníamos el mismo apellido y nos hicimos amigos de Facebook. Después cuando él tuvo la oportunidad me invitó a Temuco y ahí yo empecé a participar de esto de contar el sueño, de que me pasa esto y por qué. Ellos me explicaron ciertas cosas y fue súper bonito.

Es como sentir que existía un espacio que siempre estuvo ahí, que por ese desarraigo que experimentaste no pudiste conocer pero al final la vida igual te llevo hasta ahí…

¡Claro! Y es una historia que le pasa a muchísima gente, que la gente vuelve, es súper bonito. Como que todos los que estamos en esta parada de que los papás no pescaron o que dejaron de hablar el mapudungún porque les daba susto, que los hijos, que no sé que, empezaron a buscar su origen ¿cachái? Entonces igual pasa eso y es increíble.

Y Eduardo Rapimán nos convoco y así hemos seguido trabajando juntos: hay una chica ceramista, gente que hace tapices, diseñadores gráficos. En una oportunidad Eduardo nos invitó a hacer una muestra chiquitita y nos dimos cuenta de que había una misma paleta de color, ese tipo de experiencias nos ocurrieron compartiendo entre todos, y son experiencias súper locas.