Por estos tiempos nos hemos convertido en un colectivo de mujeres, en eso hemos devenido, sin programarlo, sin pensarlo, de manera orgánica, nos reunimos cual centro de madres a conversar sobre los oficios y lo que podemos hacer para potenciar cada vez más su realización. Ninguna se dedica exclusivamente a Oficios Varios, todas tenemos otros quehaceres que complementamos con nuestro trabajo en la organización.

Más que concentrarnos en un lugar fijo, todas hemos sido libres de movernos donde sentimos necesario ir, sin por eso dejar de ser parte de nuestra organización. Las experiencias vividas de cada una en otras latitudes sólo han enriquecido nuestro trabajo y experiencia. Nuestro único espacio es el virtual, desde nuestro sitio web damos a conocer nuestro quehacer, el que poco a poco va tomando cuerpo para la concreción de nuestros objetivos. Quizás el desafío de este año que comienza es evidenciar de manera concreta todos esos caminos recorridos de manera individual, experiencias ganadas, pensamientos y sentires con respecto al trabajo hecho a mano que puedan nutrir el diálogo y registro de los oficios.

Nunca estamos cerradas a ser más, queremos que nuestro colectivo crezca. Que sean más lxs que vengan a nutrir nuestro espacio de trabajo e investigación, por lo que están invitadxs todxs a escribirnos y participar activamente de lo que buscamos construir: un registro serio y profundo sobre el trabajo hecho a mano.

Por lo pronto, seguimos reconociendo en los oficios ese espacio de resistencia frente a los modos de organización y formación actuales, nos encanta la capacidad que entregan a quienes los practican de organizar con relativa libertad su tiempo de trabajo y de ocio. Y a la vez la autoformación que caracteriza a quienes lo han tomado como forma de vida, donde el compartir con un compañero/camarada/colega siempre es un espacio para nutrirse, sin egoísmos ni mezquindades. Porque en el hacer y la conversación sincera vamos creciendo y nutriéndonos todxs para y con nuestros quehaceres.

Para comenzar el año queremos compartir con ustedes algunos extractos de uno de nuestros textos favoritos: el “Sentido del Oficio” de Gabriela Mistral1. Lo compartimos porque nos representa su perspectiva, nos esforzamos porque nuestros oficios sean el eje de nuestras vidas, y que a través de nuestro hacer sea la mejor manera de conocernos como individuas y también como equipo. ¡Buen año para todxs y para nosotras!2

“(…) Definición de artesano: el que trabaja el cuero, o la plata, o el oro o las maderas con escrupulosidad. Yo añado: el que trabaja la piel de carnero o la pobre madera de álamo con la misma norma bajo la cual hicieron lo suyo los artistas de las llamadas, con alguna petulancia en el privilegio, “bellas artes”.

La norma que viene de ésos, es: llama en la mente, pulso tranquilo, sin alcoholes, mano tan ágil como el alma, tan fácil como el alma; un poco de rito y un poco de juego, es decir, la seriedad del padre componiendo y la alegría del hijo al rematar el éxito; y un gran orgullo si se firma y si no se firma, el mismo orgullo. (…)

(…) Damos prueba de nosotros en nuestra manera de amistad y de amor, en la elección de un partido político o de una fe; pero todos ésos son testimonios parciales o vagos; el cómo encuadernamos un libro o damos nuestra clase en una escuela, nos dice eso, si da el duplicado de nuestro semblante.

El trabajador puede decir lo que dijo Cristo de sí: “Que mis actos hablen por mi”.

El objeto labrado es esquema de los sentidos, del cuerpo y el alma del obrero. La manufactura superior denuncia la justeza del ojo, la barbarie o la docilidad de la palma, la vieja intrepidez de los dedos; cuenta, por la insistencia de tal o cual color, el temperamento de su amo; en la sequedad o la dicha del dibujo, dice sus humores. Hasta el copista se expresa copiando, y hace confesión de sí mismo.

Muy torpe, el uso corriente de juzgar a hombre o mujer fuera de su oficio. “Fulano es mal abogado, pero excelente persona.” O, si se trata de un herrero: “No sabe lo suyo, pero es un santo”. No, no hay probidad que pueda quedarse afuera del oficio. Quien cojee en su profesión, cámbiela, sencillamente, pero hínquese en otra donde pueda alcanzar el último tramo y ser probo, partiendo de su oficio como de un centro.

Eje de la vida, el oficio. Que las demás cosas, consideración social, dinero, etc., sean radios que de ahí partan. (…)

(…) Para la llamada “revisión de valores” tomemos como documento principal el oficio. ¿Cuánto tiempo se le buscó? Porque el oficio debe aprenderse toda la vida; cesa el aprendizaje al acabar el trabajo, a los 50 ó 55 años. ¿Hasta dónde se le conoció? Porque el oficio es cosa fateada como el ojo del insecto o, mejor dicho, tiene diez o veinte estratos, como las gredas, y quedarse arañando el primero es fijarse por sí mismo en la plebeyez. (…)

(…) No es verdad que el maquinismo haya acabado con el artesano y que ya sea imposible que éste ponga sello suyo sobre su criatura. La máquina ha substituido el pulmón del hombre, no su mente, ni siquiera su dedo, a veces. El hombre dicta a la maquina los modelos; la máquina le ha remplazado los tendones y el sudor sin arrebatarle ni una de sus prerrogativas para dar gusto a su pasión de forma o de color. Sería infame un trabajo en el que la voluntad de crear no pudiera ejercerse nunca y sería estúpida la delegación del hombre completo en la usina. (…)”

 

  1. Sentido del Oficio. Gabriela Mistral en “Grandeza de los Oficios”. Editorial Andrés Bello. Abril de 1979.
  2. Crédito fotografía: Débora Cerutti.